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jueves, 28 de febrero de 2013

Un icono del siglo XIX





Es una pena que en pleno siglo XXI no contemos con figuras tan carismáticas como lo fue en su época Lev Tolstói. Sin duda, cualquier debate televisivo -tan de moda hoy día- luciría el doble si contara con la presencia del escritor ruso. Tolstói, a costa de madurarlas durante largos años, tenía las ideas muy claras en todo tipo de campos. Ya fuese en literatura, música, pintura, asuntos políticos, religiosos, científicos o filosóficos, el maduro autor de Guerra y paz, esgrimía sus opiniones con una claridad y una argumentación que para sí quisieran muchos de los “gurús” actuales.

Una gran cantidad de rusos sentían una enorme fascinación por este venerable anciano que en los últimos veinte años de su vida decidió volver a sus orígenes e instalarse apaciblemente en su finca rural de Yásnaia Poliana (“Claro del bosque” en ruso). Hasta allí se desplazaron entre 1890 y 1910 (año de su muerte) innumerables periodistas rusos y extranjeros en busca de una crónica, una breve entrevista o unos pocos minutos de charla con el escritor. Tan valiosa resultaba la opinión de Tólstoi que era rara la semana que no recibiera varias visitas de seguidores, admiradores en busca de consejo o simples curiosos. Y, por supuesto, las transcripciones de estos encuentros eran devoradas con avidez por los lectores de las publicaciones de la época.

Hace pocos meses, la siempre interesante editorial Fórcola editó un volumen que recoge estas conversaciones, publicadas originalmente en diversas revistas y periódicos rusos, y que hasta ahora habían permanecido inéditas en español u otro idioma distinto al ruso, bien enterradas en los archivos de la antigua Unión Soviética. En esta cuidada edición del colombiano Jorge Bustamante, los textos salen a la luz acompañados por numerosas fotografías tanto del protagonista como de su familia y sus variopintos visitantes.


El conde Tólstoi leyendo su correspondencia (hacia 1910)
 

A lo largo de sus páginas nos damos cuenta de la inagotable curiosidad de Tólstoi por las novedades, tanto culturales como científicas, de sus respuestas amables a veces o vehementes y apasionadas en otras ocasiones, pero siempre reflejando una firmeza a prueba de modas y esa claridad de ideas suya tan característica.

“Yo reivindico tres exigencias en todo gran artista: la perfección técnica, el alcance del tema y la pasión por la trama. De ellas, es a la última a la que atribuyo mayor significado. Es posible ser un gran escritor, incluso si faltan la perfección técnica y el dominio del tema. En Dostoievski, por ejemplo, no había ni lo uno ni lo otro. Pero no es posible convertirse en un gran escritor si no se escribe con sangre del corazón… Yo mismo fui educado muy débilmente o demasiado mal y no siempre logro sostener este criterio. […] A menudo me río, pero a menudo también me irrito, cuando me reprochan que mis teorías son anticientíficas. Afirmo, por el contrario, que anticientíficos son el positivismo y el materialismo. Si busco una doctrina por la cual pueda vivir, entonces sólo es lógico, consecuente y científico que desde la primera premisa hasta las últimas conclusiones no existan en ella contradicciones. El escepticismo lleva a la absoluta negación del sentido de la vida. Pero el escéptico también quiere vivir, de otro modo tendría que matarse.”

También se puede observar en estas conversaciones la importancia que tuvo la familia para Tólstoi. La influencia de su esposa, Sofia Andréievna -una todoterreno que hacía la vida del autor bastante más fácil- se destaca en muchas de las páginas, así como la dedicación y los cuidados de su hija Alexandra, que acabaría siendo la primera directora del museo creado en memoria de su padre.

Algunas de las opiniones recogidas en esta selección de artículos pueden parecernos hoy desfasadas (o cuando menos curiosas), como su visión de la escasa utilidad del cinematógrafo o sus sorprendentes afirmaciones sobre la poesía y otras artes (“No me gustan los versos, su tiempo ha pasado. […] Las formas conocidas del arte mueren con el transcurso del tiempo; ahora ha llegado el tiempo de la muerte para la forma poética escrita, para la escultura y la arquitectura.”). Sin embargo, hay que pensar que en su época las palabras de Tólstoi eran recibidas por buena parte de los rusos como una especie de verdad absoluta con la que guiarse en la vida, y hay pocas figuras del siglo XIX que alcancen esta cota de influencia en su propio país.

“En la actualidad Tólstoi representa un fenómeno único en el mundo. Hace ya mucho sobrepasó cierto límite, más allá del cual no hay lucha, sino silencio y resplandor de conocimiento. Lo ilumina todo. En cada una de sus sonrisas, de sus miradas, en cada arruga de su rostro hay tanta sabiduría profunda, como la hay en sus palabras. Y tal vez lo más importante no sea oírlo, sino verlo.” Leonid Andréiev, 1910.

Conversaciones y entrevistas – Lev Tolstói, Varios autores
Edición, traducción y prólogo de Jorge Bustamante
Fórcola, 2012, 192 páginas, 15,50

viernes, 29 de junio de 2012

La Guerra Civil, una contienda cruel y evitable




No hay ningún episodio en la historia española de los últimos siglos que haya generado tantos ríos de tinta como la Guerra Civil. Son innumerables los ensayos, relatos y novelas donde es la protagonista principal, por no hablar de los cientos de documentales y películas en torno a ella o que reflejan la vida en la España de los años de posguerra.

Sin embargo, con frecuencia este episodio cruel se presenta lleno de sesudas reflexiones, ideas preconcebidas -y en ocasiones, falsas-, lugares comunes, idealizaciones y dogmas inmutables que dificultan bastante la extracción de una idea clara y simple del verdadero origen de la contienda, tanto para los propios españoles como para el resto del mundo.

Por ello es aún más sorprendente este trabajo del filósofo Julián Marías (1914-2005), escrito en 1980 y que ahora reedita Fórcola en su colección Singladuras. Se trata de un breve ensayo de una prodigiosa claridad, en el que Marías –testigo de primera mano desde el Ejército republicano- va desgranando las razones que llevaron al pueblo español hacia una división irreconciliable. El texto nace al inicio del periodo democrático para advertir del peligro de la falsificación de la historia y para evitar en lo posible el olvido de los errores del pasado, cuyo desconocimiento siempre nos expone a repetirlos.

 “Entre 1936 y 1939 los españoles se dedicaron a hacer la guerra, a intentar ganar la guerra; desde esta última fecha malversaron lo que habían conseguido, no supieron edificar adecuadamente la paz. Esta es nuestra empresa: darnos cuenta de que necesitamos vencer a la guerra, curarnos, sin recaída posible, de esa locura biográfica, es decir, social, que nos acometió hace algo más de cuarenta años, cuya amenaza ha sido tan hábilmente aprovechada para paralizarnos, para frenar el ejercicio de nuestra libertad histórica, la plena posesión de nuestro tiempo, la busca y aceptación de nuestro destino.”

Si cualquier guerra representa un fracaso, aún lo es más si enfrenta a compatriotas. Para el autor, este descalabro podría haberse evitado si se hubieran atendido las señales evidentes en los años inmediatamente anteriores y se hubiera actuado en consecuencia. Marías señala como el primer germen el episodio de la quema de conventos en 1931, que originó en una parte de la población un sentimiento opuesto a la República, empezando a crear dos bandos contrarios e incompatibles. Las posteriores medidas de reducción del Ejército de Azaña fueron también muy impopulares entre los militares, que aprovecharon su posición al comienzo de la guerra para ajustar cuentas.

Además, en España se vivía un clima de progresivo desencanto, de decepción hacia los grupos políticos, al que se unieron los efectos en Europa de la depresión norteamericana de 1929, que originó una crisis económica galopante (algo inquietantemente familiar en nuestros días). A este malestar social hay que añadir en parte de la población, según Marías, un horror ante la pérdida de la imagen habitual de España: una ruptura de la unidad (regionalismos, nacionalismos y separatismos) y la pérdida de la condición de país católico.

Como acelerante de este caldo de cultivo, aparecieron por mimetismo de movimientos políticos extranjeros los estímulos totalitarios: el comunismo y el fascismo, lo que contribuyó a radicalizar aún más las posturas. Y finalmente, Marías propone un sorprendente factor adicional: la pereza, para ponerse en el lugar del otro, para pensar y para buscar soluciones efectivas a los problemas.

Sin embargo, lo que iba a ser un rápido golpe de Estado militar para cambiar la situación desembocó finalmente en la guerra, los asesinatos políticos y las vejaciones en ambos bandos, que se tradujo en un inevitable envilecimiento. La posterior intervención internacional en el desarrollo de la lucha actuó de forma decisiva en el desenlace de la guerra.


Julián Marías rodeado de bibliografía
 

El autor analiza así mismo tanto el desarrollo de la contienda como los crudos años posteriores, en los que la clara división entre vencedores y vencidos condujo a la perpetuación del espíritu de guerra durante decenios. Como conclusión del ensayo, Marías nos anima a recordar la guerra, pero como un episodio pasado, superado, para ponerla detrás de nosotros, para vencerla y evitar recaídas.

Este clarificador ensayo se completa con un prólogo muy atractivo del historiador vasco Juan Pablo Fusi, que analiza la figura de Marías y ofrece un breve resumen de los acontecimientos principales de la guerra, a fin de refrescar conocimientos para que el lector tenga un punto de partida nítido. Además, el volumen se ilustra con múltiples fotografías de la época, tanto de las campañas militares como de las labores de retaguardia y de la vida “corriente” de las ciudades, que permiten una inmersión todavía más exacta en este periodo. Como explica el editor Javier Jiménez en el emotivo epílogo, tanto él como Daniel Marías (nieto del autor y colaborador en la edición del libro) valoraron el interés que tenía incluirlas y dedicaron varios días a rescatarlas de entre los fondos de varios archivos españoles. Mi enhorabuena desde aquí por el resultado final.

La Guerra Civil ¿Cómo pudo ocurrir?, Julián Marías
Prólogo de Juan Pablo Fusi
Fórcola, 2012, 88 páginas, 10,50

miércoles, 22 de febrero de 2012

Dickens enamorado




Hablar de Charles Dickens es hablar del gran novelista de la Inglaterra victoriana, un escritor que plasmó y criticó como nadie el coste social que supuso la Revolución Industrial. Reverenciado en su país, se han realizado infinidad de estudios sobre sus obras y su vida, pero los libros que ahondan en sus relaciones amorosas no son tan frecuentes.

Fórcola Ediciones acaba de publicar el ensayo biográfico Dickens enamorado, que analiza la correspondencia privada -inédita hasta ahora en español- entre el escritor y Maria Beadnell, el amor de juventud que tanto influiría en su vida. Estas cartas, rescatadas del olvido y de la censura familiar, fueron publicadas en Boston en edición limitada en 1908. Amelia Pérez de Villar las ha traducido y, a través de ellas, nos proporciona un retrato ampliamente documentado sobre el Dickens menos conocido, incidiendo en las conexiones entre su vida sentimental, su obra literaria y los rasgos más ocultos de su carácter.


Maria Beadnell / Dora


Así, repasamos una infancia marcada por los continuos cambios de domicilio y las penurias económicas a causa de las deudas del padre, que finalmente dio con sus huesos en la cárcel cuando el pequeño Charles tenía sólo doce años, lo que le obligó a emplearse en una fábrica de betún para ayudar a mantener a su familia. Todas estas experiencias le marcaron tanto que no las mencionó hasta más de veinte años después, aunque en contrapartida le proporcionaron abundante material literario para obras como Oliver Twist o Nicholas Nickleby.

En 1830, cuando ya trabajaba como periodista, conoció a Maria. Sus padres se opusieron a esta relación (que siguió clandestinamente en forma epistolar hasta 1833) al estar Dickens un peldaño por debajo en la escala social y no tener un claro futuro que ofrecer a su hija. Perdidamente enamorado como estaba, fue un golpe muy duro, pero le sirvió de estímulo definitivo para lanzarse a la conquista de ese mundo que se le negaba y al que él creía pertenecer por derecho. Años más tarde la inmortalizaría como Dora Spenlow en su famosísimo David Copperfield (alter ego del propio Dickens).

Esta relación ocupa el capítulo más extenso del libro, pero este ensayo también analiza el resto de relaciones amorosas de Dickens, ya fueran platónicas o no. Así, asistimos a su matrimonio en 1836 con Catherine Hogarth, con quien tuvo la friolera de diez hijos, a la que amó durante un tiempo pero de la que acabó separándose por incompatibilidad manifiesta de caracteres, entre otros motivos. La hiperactividad y la ansiedad que Dickens arrastraba desde su infancia, le obligaba a estar constantemente en movimiento, con continuos viajes al extranjero (Francia, Italia, Suiza, Estados Unidos) y numerosos cambios de casa, un ritmo que Katie no podía seguir.


Catherine Hogarth


También profundizamos en la peculiar e intensa relación con sus dos cuñadas: adoraba a Mary y su muerte prematura en 1837 supuso un enorme mazazo para él, mientras que Georgina le acompañaría fielmente durante toda su vida. Así mismo, vemos con asombro como en 1855 Maria Beadnell vuelve a aparecer en su vida cuando ya su matrimonio hacía aguas por todas partes (no revelo más…).

Como colofón, Amelia Pérez de Villar describe la última historia sentimental conocida de Dickens: la relación casi clandestina que mantuvo con la actriz Nelly Ternan, veintisiete años menor que él. Este amorío final supuso un pequeño escándalo en su círculo íntimo y le conllevó la pérdida de numerosas amistades. Por su parte, la familia del escritor trató de proteger su reputación, negando siempre el romance, y la propia Nelly destruyó sus cartas tras la muerte de Dickens en 1870.


Nelly Ternan


Dickens enamorado es, en suma, un ensayo muy elocuente, riguroso y con una gran labor de documentación detrás. La historia, rica en detalles y anécdotas, se sigue de forma amena. Además, la autora no deja cabos sueltos en la investigación, como cuando documenta con varios datos las controvertidas relaciones de Dickens con prostitutas a lo largo de su vida, un dato oscuro en su biografía. El rigor del relato y la posibilidad de ver al autor inglés como si fuera un personaje más de una de sus novelas por entregas hacen de esta biografía un libro altamente recomendable para lectores curiosos en el año del bicentenario del escritor.

Dickens enamorado, Amelia Pérez de Villar
Fórcola, 2012, 192 páginas, 19,50