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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Jardiel Poncela en estado puro



 

Con el equívoco subtítulo de Novela para muchachas y para hombres tímidos”,  Jardiel publicó esta pieza de teatro breve poco después de acabar la Guerra Civil y acabó convirtiéndose en el arranque de su exitosa comedia Los ladrones somos gente honrada (1941). Ahora, la editorial Rey Lear -en su colección Breviarios- recupera esta obra de humor como homenaje a Jardiel en el 60 aniversario de su muerte.

Esta trama de ladrones de guante blanco se inicia cuando la banda de Miguel el Melancólico se dispone a dar un golpe en casa de los señores de Arévalo, aprovechando la celebración de una fiesta. Lo que iba a ser un trabajo fácil, minuciosamente planeado, sufrirá un inesperado giro cuando aparece en escena Herminia, una atractiva muchacha que distraerá la atención de Miguel al relatarle su azarosa vida en el mundo del crimen.

A medio camino entre el relato de suspense y la historia de amor, la obra tiene un final sorpresivo y mordaz marca de la casa. En su breve extensión hay espacio de sobra para disfrutar del talento humorístico de Jardiel, desperdigado incluso en las acotaciones del texto; aquí van unas pocas perlas:

“En esa esquina, por las mañanas, pone su tenderete una churrera y vocea su mercancía; y por las noches, en el mismo sitio que la churrera, suelen colocarse dos individuos, con las gorras muy echadas sobre los ojos y atracan a todos los transeúntes descuidados. Es, pues, un rinconcito muy propio a la emoción.” (Pág. 14)
“MIGUEL.- Indudablemente, la mujer es más fuerte que el hombre. Antiguamente se la llamaba el “sexo débil”. Hoy el sexo débil ha hecho gimnasia. Y el hombre siempre ha tenido un punto débil: el talón; acuérdese de Aquiles… Las mujeres, para no tener débil ni ese punto, llevan los talones reforzados.” (Pág. 29)
“HERMINIA.- Curé gracias a los esfuerzos desesperados de un médico del Middle West norteamericano, Jack Stone, que no contento con haberme devuelto a la vida física, normalizó toda mi vida espiritual, casándose conmigo.” (Pág. 39)


En Diez minutos… se reconocen buena parte de las características del estilo de Jardiel: un humor nuevo para su época, ingenioso y fresco (que empleaba tanto en sus novelas como en las obras de teatro), diálogos chocantes -absurdos en ocasiones-, con una escritura fluida, que engancha fácilmente al lector. Estas señas de identidad son compartidas también por sus coetáneos Miguel Mihura y Edgar Neville. Los tres contribuyeron a crear un nuevo tipo de comedia en España, muy alejada del humorismo tradicional, costumbrista, facilón y con esquemas repetitivos. Además, todos ellos plasmaron esta visión de vanguardia escribiendo para numerosas revistas y semanarios de humor de la época, y participando como guionistas en un buen número de películas (Jardiel, y sobre todo Neville, tuvieron además su propia aventura americana, donde colaboraron en producciones de estudios como la Fox o la Metro Goldwin Mayer).


Jardiel en actitud guasona


Quien desee bucear en más textos poco conocidos de Jardiel, puede asomarse a otros títulos publicados por Rey Lear, como Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull (una parodia con el mismísimo Sherlock Holmes de protagonista) o A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin (donde narra sus periplos americanos).

Por último, comentar que esta edición se presenta con todo el mimo que caracteriza los libros de Rey Lear e incluye una atractiva y colorista portada, junto a ilustraciones interiores tomadas de un curioso libro de 1930. Como plus, se puede disfrutar del epílogo escrito por el profesor y crítico Fernando Valls, que repasa los avatares de la obra y cuya cita inicial -de José María Merino y que suscribo- lo dice todo: Si Jardiel Poncela hubiera sido anglosajón, el mundo entero lo veneraría…

Diez minutos antes de la medianoche, Enrique Jardiel Poncela
Epílogo de Fernando Valls
Rey Lear, 2012, 72 páginas, 9,80

lunes, 23 de enero de 2012

Scott Fitzgerald está de moda...


Este 2012 recién estrenado nos trae, entre otros aniversarios, la celebración del bicentenario de Charles Dickens. Por tanto, dentro de poco nos veremos inundados de reediciones de sus novelas, nuevas traducciones, biografías y estudios varios sobre su obra. Es lo que tienen los clásicos... Sin embargo, a veces no es necesario que se celebre ningún gran aniversario para que aparezcan en el mercado varios libros a la vez de un determinado autor. Esto es lo que ha ocurrido con otro estupendo clásico: Francis Scott Fitzgerald.

Son varias las editoriales que acaban de publicar obras del estadounidense. Os dejo a continuación cada una de sus propuestas (información extraída de las notas de prensa):


 Tres historias en torno a Gastby
Traducción de Susana Carral
Rey Lear, 2012, 144 páginas, 12,50 


Durante los años previos a la publicación de El gran Gatsby (1925), Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) escribió algunos relatos donde ensayaba la relación entre un hombre hecho a sí mismo y una mujer rica y caprichosa, tan guapa como tonta, y preferentemente rubia. Algunos de los personajes creados para estas historias fueron aprovechados en la novela, otros se descartaron pero sirvieron para construir la peculiar atmósfera del entorno de Gatsby.
Tres de las mejores son Sueños de invierno (1922), Dados, puño americano y guitarra (1923) y Lo más sensato (1924), recopiladas junto a otras seis más en el libro All the Sad Young Men (1926). Sueños de invierno apareció por primera vez en el número de diciembre de Metropolitan Magazine, una de las muchas revistas que literalmente alimentaban a Scott Fitzgerald entre novela y novela, práctica muy habitual entre los escritores norteamericanos de la primera década del siglo XX. Está ideado a modo de novela corta y es una historia de amor agridulce, como la vida de Zelda y Francis Scott Fitzgerald, aunque Judy Jones, la protagonista, carece de los problemas psíquicos de Zelda; simplemente es frívola.
Dados, puño americano y guitarra es un cuento de hadas; de hadas sureñas, eso sí, con esclavo negro y música de jazz. Fue el primero que su autor publicó en las revistas del poderoso William Randolph Hearst —el Ciudadano Kane de Orson Welles—. Salió en el número de mayo de 1923 de Hearst’s International y su protagonista femenina, Amanthis, es rubia pero lista y sensible, como las mujeres raras de Carson McCullers. Humorístico y poderoso, en ocasiones también bordea lo fantástico con detalles como el del misterioso automóvil que al tomar cada curva se va partiendo por la mitad, de arriba a abajo. El desprecio de Scott Fitzgerald por su narrativa corta, que siempre tachó de alimenticia, no se conjuga con la enorme calidad de esta historia que recoge lo mejor de Mark Twain y se anticipa a los grandes narradores del Sur, como Tennesse Williams o la mencionada McCullers.
Subdividido en cuatro partes, Lo más sensato apareció el 15 de julio de 1924 en la revista Liberty, que pagó a Scott Fitzgerald 1.750 dólares de la época, lo que suponía un precio bastante alto aunque todavía lejos de los 4.000 dólares que llegaría a cobrar en 1929 por cada una de sus entregas al Saturday Evening Post. Lo más sensato es la narración más sencilla de este volumen y refleja cómo el éxito permite recuperar el amor, algo similar a lo que le ocurrió al propio Scott Fitzgerald entre 1919 y 1920, período en el que él logró reconquistar a Zelda a consecuencia de sus primeros éxitos editoriales.
Hay un regusto amargo en el colofón que lo hace muy Gatsby: «En el mundo hay toda clase de amores, pero nunca el mismo amor se repite dos veces».
(Del prólogo del editor)


Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año
Traducción de Julia Osuna
Gallo Nero, 2011, 120 páginas, 10 

Fitzgerald se casó con Zelda en 1920 y a lo largo de su vida ganó mucho dinero tanto por su trabajo en la industria cinematográfica como por sus artículos, cuentos y novelas. También derrochó mucho dinero y tardó años en aprender a gestionar sus ganancias o por lo menos en contener los gastos.
Presentamos aquí reunidos dos artículos autobiográficos, dos brillantes muestras de su refinado talento, las crónicas de sus intentos fallidos de ahorrar, ambos publicados en 1924 en el Saturday Evening Post.
En Cómo sobrevivir con 36000 dólares al año, un retrato irónico y representativo de la clase media norteamericana, los Fitzgerald se mudan a las afueras de Nueva York y compran un libro de contabilidad en el que Zelda registra minuciosamente cada recibo en un intento desesperado de ahorrar. El éxito de ese primer artículo le animó a escribir una secuela: Cómo sobrevivir prácticamente con nada. Esta vez la familia Fitzgerald sube a un barco rumbo a Europa donde, eso pensaban, habrían podido vivir bien y con poco dinero.
Cierra el libro el artículo “La declaración de la renta de F. Scott Fitzgerald” firmado por el prof. William J. Quirk y publicado en la revista The American Scholar.


 Mi ciudad perdida
Traducción de Yolanda Morató
Zut Ediciones, 2011, 314 páginas, 18 

Mi ciudad perdida cumple un deseo que Francis Scott Fitzgerald nunca pudo realizar en vida. En distintas cartas a Max Perkins, su editor en Charles Scribner’s Sons, el escritor intentó persuadirlo entre 1934 y 1936, sin éxito en ninguna ocasión, para que publicase el conjunto de ensayos que ahora se traduce por primera vez al español.
Siguiendo el deseo del novelista norteamericano más influyente y personal del siglo XX, la presente edición respeta el orden de los artículos que Fitzgerald seleccionó de entre sus muchas colaboraciones periódicas. Sobreponiéndose a las estrictas reglas del género –pues todos los textos fueron escritos para revistas como New Yorker, Saturday Evening Post, Cosmopolitan, Esquire y Bookman–, Fitzgerald se las arregló para ir tramando una red de hilos que tejen una suerte de autobiografía de escritor, en la que los ensayos más extensos giran en torno a la escritura de relatos de ficción y no ficción como único medio de subsistencia en el periodo que transcurre entre dos de sus grandes novelas, A este lado del paraíso (1920) y El gran Gatsby (1925), cuando trataba de labrarse una reputación en los círculos literarios estadounidenses.
Mi ciudad perdida es mucho más que una recopilación de ensayos circunstanciales. Es una fiesta de una de las inteligencias más despiertas y sensatas de una época que tuvo mucho de insensata, como la nuestra. Porque Fitzgerald fue, para quienes vinieron luego, más que un escritor, una época.

Por último, hay que recordar las ediciones de El gran Gastby de Paréntesis (traducción de José Luis Piquero, 182 páginas, 13 €) y de Anagrama (traducción de Justo Navarro, 197 páginas, 17,50 ), aparecidas ambas el año pasado. Así pues, gran variedad de buenas lecturas donde elegir.