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lunes, 16 de septiembre de 2013

Libros del Silencio cesa sus actividades



Acabo de recibir con gran pesar la noticia de que la editorial Libros del Silencio desaparece. Tras el tremendo mazazo de la muerte a principios de año de Gonzalo Canedo, su creador, los esfuerzos del equipo editorial por continuar su obra han resultado infructuosos frente a las dificultades financieras que venía arrastrando el sello barcelonés.


Uno de los primeros títulos (Enero 2010)


Como homenaje al editor y a todos los que han hecho posible esta notable aventura editorial independiente desde 2009, reproduzco a continuación la nota de prensa con toda la información:


Libros del Silencio cesa sus actividades

La falta de su fundador, fallecido en enero del presente año, y los problemas económicos que llevaba tiempo arrastrando llevan a la editorial a presentar concurso de acreedores.


Lamentamos comunicar que, pese a la decidida voluntad de los herederos de Gonzalo Canedo y al trabajo del presente equipo editorial, la pérdida irreparable del fundador y único socio de Libros del Silencio, aparejada a una serie de complicaciones financieras que han terminado resultando insorteables, ha obligado a la empresa a presentar un concurso de acreedores que se hará efectivo este mismo mes de septiembre.

Fundada en enero de 2009, Libros del Silencio empezó su actividad en noviembre del mismo año y deja como legado un catálogo de 52 títulos (el último de ellos, Carmen Amaya 1963, aparecido el pasado mes de mayo) que se caracteriza por su rigor y heterogeneidad, y que se diseñó tratando de cumplir con un único propósito: el de dar salida a obras en las que primase lo literario entendido según una idea personal e inclusiva. A lo largo de estos casi cuatro años de apasionada andadura, y gracias a la tenacidad editora y el empeño constante de Gonzalo Canedo, Libros del Silencio ha lanzado a nuevos talentos nacionales (Carlo Padial, Iván Repila o Princesa Inca) y rescatado a figuras fundamentales de nuestra tradición (Quevedo, Lois Pereiro, Carlos Casares); puesto en circulación obras clave de un buen número de clásicos modernos (como Robert Stone, John Hawkes o B. S. Johnson), descubierto a voces poderosísimas y ya consagradas (como las de Donald Ray Pollock o Patrick deWitt) y desenterrado piezas maestras que nos eran casi desconocidas (La familia Máshber, de Der Níster, o Las desventuras del príncipe Sternenhoch, de Ladislav Klíma); se ha apuntado tantos en novela, relato, poesía y ensayo, y ha supuesto, en fin, una alternativa que, queremos creer, ha hecho honor a su voluntad de independencia y su apuesta por la calidad, y que, pese a lograr un merecido reconocimiento a su propuesta, se ha visto finalmente perjudicada de un modo fatal por la grave coyuntura económica del país y los cambios y la incertidumbre que afectan a todas las esferas del sector editorial.

Libros del Silencio quiere agradecer su inestimable labor a todos aquellos que, durante todo este tiempo, han contribuido decisivamente a cumplir con los estándares de calidad marcados, aportando numerosas horas de trabajo disciplinado e incansable para que nuestros libros tomaran forma en óptimas condiciones (empleados, traductores, correctores, maquetadores, ilustradores e impresores), así como a los que han sido esenciales para que, una vez salidos de imprenta, esos mismos títulos llegaran con éxito a su destino (distribuidores, libreros, periodistas, críticos), y, muy especialmente, a aquellos que se encuentran en los dos extremos del proceso editorial, y sin los cuales no hubiera sido posible nada de esto: los autores que han confiado en nosotros para dar a conocer sus obras y los lectores que han invertido en ellas, de entre una oferta tan atractiva como difícilmente abarcable, su tiempo y su dinero. Ha valido la pena.

Hasta siempre.

El equipo editorial.

jueves, 29 de marzo de 2012

Las españolas del metro Pompe




¿Quién no se ha enamorado siendo un niño de su profesora, de alguna amiga de su madre o de esa compañera tan guapa de su hermana mayor? Sacha, en cambio, tiene unos referentes más exóticos: las españolas que llegan al París de finales de los cincuenta para servir en las casas de la burguesía. El atormentado protagonista de esta novela -a quien su familia no presta ninguna atención- tiene la costumbre de frecuentar la boca de metro de la estación de Pompe, el lugar de reunión de sus “perlas”, para admirarlas y escuchar sus confidencias.

“En sus gritos se mezclan oraciones, genuflexiones, santiguamientos. En un momento, sus sermones toman la velocidad del maremoto. Se maldicen, se hinchan bocas, pechos, gargantas. Luego, sin razón aparente, cuando se acerca la hora de la cena, de pronto se tranquilizan. Todo baja, como un soufflé. ¡Y sin intervención de la policía, por favor! Me gusta esa rabia, ese Guernica, el «Huracán Pompe». En sus gritos de vírgenes del Neandertal amenazan con arrancarse los huevos y tirárselos a la cara. Una se embala, la otra se desata. No es cuestión de batirse en retirada hacia el mercado, una misa, o con cualquier otra excusa.”

Con trece años, ha caído profundamente enamorado de una de estas fascinantes criaturas: Pepita, una bella y misteriosa pamplonesa mayor que él. Será Sacha quien le busque trabajo en casa de unos vecinos, dos pisos más arriba de la suya, para tenerla en observación. Con esta lograda cercanía, da rienda suelta a su obsesión amorosa y trazará los planes más peregrinos y las jugadas más complicadas para intentar conquistarla para siempre, lo que acabará provocando un final tan impredecible como surrealista.




François-Marie Banier (París, 1947) publicó esta novela en 2006 y plasmó en ella buena parte de sus experiencias adolescentes. Según ha explicado en varias entrevistas, él mismo estuvo muy enamorado de una criada bilbaína, Antonia, que le sirvió de inspiración para dar vida a la fascinante Pepita. Al igual que Sacha, se dejaba caer por Pompe para coger a las españolas de la mano y pasar las horas muertas contemplándolas y aprendiendo.

Artista polifacético, fotógrafo, actor, escritor y bon vivant irredento, Banier publicó su primera novela (Les résidences secondaires) con 21 años, obteniendo de inmediato un éxito notable y el respaldo de escritores como Louis Aragon o Samuel Beckett, aunque hoy es más conocido por su trabajo como fotógrafo y por algún que otro escándalo mediático.

En cuanto a Las españolas del metro Pompe, la imaginación desbordante de Sacha se traduce en un estilo narrativo donde las imágenes y las palabras salen a borbotones, como fogonazos. Esta pirotecnia lingüística se acentúa hacia la mitad de la novela, alcanzando sus cotas más altas en el delirio imaginativo final. La orgía surrealista del lenguaje que nos impone Banier hace que muchas veces tengamos que parar a tomar aire unos instantes, dejar reposar la lectura, y así, poder regresar con fuerza para recibir la siguiente ocurrencia.

“El tótem de Violeta, transformado en serpiente, se inclina por debajo de nuestras cabezas, todas las bocas quieren mordernos. Vuelve a tocar su aria, que oigo en mi duermevela. Su serpiente levanta la cabeza, me persigue. Corro a refugiarme detrás de ella, fugitivo que, confundido por el miedo, toma al atacante como escudo. Hunde sus dedos en mi pelo, desciende por debajo de mi camisa a lo largo de mi espalda sudada, tira una sábana sobre nosotros, el montón se deshace. Nos agarra del pelo a Pedro y a mí para protegernos de una cascada de objetos, estamos bajo sus brazos plegados como las alas de un cisne. Choca nuestras cabezas, las aprieta contra su pecho. Mi siamés me mira tan de cerca que me da la impresión de tener un tercer ojo. Granizo de dentaduras: ha soltado el hilo que los unía a la serpiente.”

De todas formas, Banier ya nos avisa de sus propósitos en la cita de Wilde que abre su relato: “Me gustaría escribir una novela que fuese tan encantadora y tan irreal como una alfombra persa.” Desde luego, consigue que la acción escape con frecuencia de la realidad, pero hablándonos a la vez de temas tan palpables como el amor, los celos, el dinero o la muerte, dibujando un universo por el que planea oculta la tristeza.

Creo que es con esa expectativa de irrealidad con la que hay que acercarse a esta novela, que en su sorprendente tramo final me ha recordado mucho al surrealismo de Buñuel en El ángel exterminador; un estudio de las pasiones humanas y su inevitable puesta en escena a la menor ocasión.

Las españolas del metro Pompe, François-Marie Banier
Traducción  de Aloma Rodríguez
Libros del Silencio, 2012, 224 páginas, 16