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lunes, 23 de enero de 2012

Scott Fitzgerald está de moda...


Este 2012 recién estrenado nos trae, entre otros aniversarios, la celebración del bicentenario de Charles Dickens. Por tanto, dentro de poco nos veremos inundados de reediciones de sus novelas, nuevas traducciones, biografías y estudios varios sobre su obra. Es lo que tienen los clásicos... Sin embargo, a veces no es necesario que se celebre ningún gran aniversario para que aparezcan en el mercado varios libros a la vez de un determinado autor. Esto es lo que ha ocurrido con otro estupendo clásico: Francis Scott Fitzgerald.

Son varias las editoriales que acaban de publicar obras del estadounidense. Os dejo a continuación cada una de sus propuestas (información extraída de las notas de prensa):


 Tres historias en torno a Gastby
Traducción de Susana Carral
Rey Lear, 2012, 144 páginas, 12,50 


Durante los años previos a la publicación de El gran Gatsby (1925), Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) escribió algunos relatos donde ensayaba la relación entre un hombre hecho a sí mismo y una mujer rica y caprichosa, tan guapa como tonta, y preferentemente rubia. Algunos de los personajes creados para estas historias fueron aprovechados en la novela, otros se descartaron pero sirvieron para construir la peculiar atmósfera del entorno de Gatsby.
Tres de las mejores son Sueños de invierno (1922), Dados, puño americano y guitarra (1923) y Lo más sensato (1924), recopiladas junto a otras seis más en el libro All the Sad Young Men (1926). Sueños de invierno apareció por primera vez en el número de diciembre de Metropolitan Magazine, una de las muchas revistas que literalmente alimentaban a Scott Fitzgerald entre novela y novela, práctica muy habitual entre los escritores norteamericanos de la primera década del siglo XX. Está ideado a modo de novela corta y es una historia de amor agridulce, como la vida de Zelda y Francis Scott Fitzgerald, aunque Judy Jones, la protagonista, carece de los problemas psíquicos de Zelda; simplemente es frívola.
Dados, puño americano y guitarra es un cuento de hadas; de hadas sureñas, eso sí, con esclavo negro y música de jazz. Fue el primero que su autor publicó en las revistas del poderoso William Randolph Hearst —el Ciudadano Kane de Orson Welles—. Salió en el número de mayo de 1923 de Hearst’s International y su protagonista femenina, Amanthis, es rubia pero lista y sensible, como las mujeres raras de Carson McCullers. Humorístico y poderoso, en ocasiones también bordea lo fantástico con detalles como el del misterioso automóvil que al tomar cada curva se va partiendo por la mitad, de arriba a abajo. El desprecio de Scott Fitzgerald por su narrativa corta, que siempre tachó de alimenticia, no se conjuga con la enorme calidad de esta historia que recoge lo mejor de Mark Twain y se anticipa a los grandes narradores del Sur, como Tennesse Williams o la mencionada McCullers.
Subdividido en cuatro partes, Lo más sensato apareció el 15 de julio de 1924 en la revista Liberty, que pagó a Scott Fitzgerald 1.750 dólares de la época, lo que suponía un precio bastante alto aunque todavía lejos de los 4.000 dólares que llegaría a cobrar en 1929 por cada una de sus entregas al Saturday Evening Post. Lo más sensato es la narración más sencilla de este volumen y refleja cómo el éxito permite recuperar el amor, algo similar a lo que le ocurrió al propio Scott Fitzgerald entre 1919 y 1920, período en el que él logró reconquistar a Zelda a consecuencia de sus primeros éxitos editoriales.
Hay un regusto amargo en el colofón que lo hace muy Gatsby: «En el mundo hay toda clase de amores, pero nunca el mismo amor se repite dos veces».
(Del prólogo del editor)


Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año
Traducción de Julia Osuna
Gallo Nero, 2011, 120 páginas, 10 

Fitzgerald se casó con Zelda en 1920 y a lo largo de su vida ganó mucho dinero tanto por su trabajo en la industria cinematográfica como por sus artículos, cuentos y novelas. También derrochó mucho dinero y tardó años en aprender a gestionar sus ganancias o por lo menos en contener los gastos.
Presentamos aquí reunidos dos artículos autobiográficos, dos brillantes muestras de su refinado talento, las crónicas de sus intentos fallidos de ahorrar, ambos publicados en 1924 en el Saturday Evening Post.
En Cómo sobrevivir con 36000 dólares al año, un retrato irónico y representativo de la clase media norteamericana, los Fitzgerald se mudan a las afueras de Nueva York y compran un libro de contabilidad en el que Zelda registra minuciosamente cada recibo en un intento desesperado de ahorrar. El éxito de ese primer artículo le animó a escribir una secuela: Cómo sobrevivir prácticamente con nada. Esta vez la familia Fitzgerald sube a un barco rumbo a Europa donde, eso pensaban, habrían podido vivir bien y con poco dinero.
Cierra el libro el artículo “La declaración de la renta de F. Scott Fitzgerald” firmado por el prof. William J. Quirk y publicado en la revista The American Scholar.


 Mi ciudad perdida
Traducción de Yolanda Morató
Zut Ediciones, 2011, 314 páginas, 18 

Mi ciudad perdida cumple un deseo que Francis Scott Fitzgerald nunca pudo realizar en vida. En distintas cartas a Max Perkins, su editor en Charles Scribner’s Sons, el escritor intentó persuadirlo entre 1934 y 1936, sin éxito en ninguna ocasión, para que publicase el conjunto de ensayos que ahora se traduce por primera vez al español.
Siguiendo el deseo del novelista norteamericano más influyente y personal del siglo XX, la presente edición respeta el orden de los artículos que Fitzgerald seleccionó de entre sus muchas colaboraciones periódicas. Sobreponiéndose a las estrictas reglas del género –pues todos los textos fueron escritos para revistas como New Yorker, Saturday Evening Post, Cosmopolitan, Esquire y Bookman–, Fitzgerald se las arregló para ir tramando una red de hilos que tejen una suerte de autobiografía de escritor, en la que los ensayos más extensos giran en torno a la escritura de relatos de ficción y no ficción como único medio de subsistencia en el periodo que transcurre entre dos de sus grandes novelas, A este lado del paraíso (1920) y El gran Gatsby (1925), cuando trataba de labrarse una reputación en los círculos literarios estadounidenses.
Mi ciudad perdida es mucho más que una recopilación de ensayos circunstanciales. Es una fiesta de una de las inteligencias más despiertas y sensatas de una época que tuvo mucho de insensata, como la nuestra. Porque Fitzgerald fue, para quienes vinieron luego, más que un escritor, una época.

Por último, hay que recordar las ediciones de El gran Gastby de Paréntesis (traducción de José Luis Piquero, 182 páginas, 13 €) y de Anagrama (traducción de Justo Navarro, 197 páginas, 17,50 ), aparecidas ambas el año pasado. Así pues, gran variedad de buenas lecturas donde elegir.

martes, 10 de enero de 2012

Correr




¿Cómo es posible que un joven checoslovaco al que le horroriza el deporte, en cualquiera de sus formas, llegue a convertirse en toda una leyenda del atletismo y en un auténtico héroe en su país? ¿Cuál es la clave para que ese muchacho sin estilo, que corre de una forma muy rara, sea capaz de pulverizar todos los récords de la época en pruebas de fondo y de ganar varios oros olímpicos, incluido el de la maratón de Helsinki, en 1952, una prueba que corría por primera vez?

A todo ello nos responde el francés Jean Echenoz (Orange, 1947) en su novela Correr, un repaso a los cuarenta años más importantes en la vida de Emil Zátopek, para muchos el mejor fondista de la historia del atletismo. Empezando por la ocupación alemana de Moravia, con el protagonista trabajando de aprendiz en una fábrica de calzado, Echenoz nos va mostrando las primeras tomas de contacto de Emil con las carreras, la competición y los primeros éxitos:


“Hay corredores que parecen volar, otros bailar, otros desfilar, otros parecen avanzar como sentados sobre sus piernas… Emil, nada de todo eso. Emil parece que se encoja y desencoja como si cavara, como en trance. Lejos de los cánones académicos y de cualquier prurito de elegancia, Emil avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias. No oculta la violencia de su esfuerzo, que se trasluce en su rostro crispado, tetanizado, gesticulante, continuamente crispado por un rictus que resulta ingrato a la vista. Sus rasgos se distorsionan, como desgarrados por un horrible sufrimiento, la lengua fuera intermitentemente, como si tuviera un escorpión alojado en cada zapatilla de deporte.”



Así, de la mano del narrador, vamos compartiendo con Emil su entrada en el ejército, sus proezas, los entrenamientos durísimos, sus ascensos en el escalafón y su pasión por Dana, oro olímpico en jabalina y fiel compañera durante el resto de su vida. También revivimos su utilización como símbolo e instrumento de propaganda por el régimen comunista checoslovaco, que no duda en convertirlo en un atleta de Estado, con estatuto especial y privilegios de todo tipo, aunque limitando sus traslados internacionales por miedo a una deserción, espiándolo y distorsionando sus declaraciones a la prensa.

Pero Emil, La Locomotora, afable héroe nacional, es un hombre de principios y durante la Primavera de Praga de 1968, con las tropas soviéticas invadiendo el país, no duda en posicionarse a favor del primer secretario checoslovaco Dubcek, que pretendía ofrecer una apertura política alejada del totalitarismo comunista hacia la libertad de prensa y el restablecimiento de derechos. Como resultado, caerá en desgracia y será objeto de numerosas degradaciones, que vale la pena conocer, pero que no desvelaré a los posibles lectores. Solo diré que ante cada nueva humillación, el pueblo le ovacionaba cada vez más fuerte (recomiendo en especial las últimas páginas de la novela: el absurdo y las situaciones surrealistas llevadas al máximo nivel…).




Aparte del interés intrínseco de la biografía de Zátopek, Echenoz logra darle al relato una gran agilidad, con frases cortas, precisas, que a veces se demoran en párrafos largos, más explicativos, logrando así imitar el ritmo irregular de Emil en las pistas, plagado de acelerones pero siempre fluido.

El libro resulta bastante entretenido y sus 140 páginas se leen muy rápido. Además queda clara en la novela la admiración del autor por el personaje que retrata. También destaco la ironía que deja traslucir Echenoz en cada capítulo, tanto a la hora de contarnos las anécdotas del corredor -ciertamente divertidas- como cuando nos muestra las mentiras del estalinismo, la manipulación de una figura pública por parte del poder o los entresijos de las competiciones.

Lo único que no me ha gustado es el final abrupto del libro, que nos deja con ganas de más, ya que el relato termina hacia 1975 con un Zátopek maduro, pero todavía joven de espíritu (moriría en 2000). Así nos perdemos la rehabilitación pública de su figura por parte del presidente Václav Havel en 1990 o el hecho de que sea el único atleta olímpico con una estatua en el Museo Olímpico de Lausana.

Correr, Jean Echenoz
Traducción de Javier Albiñana
Anagrama, 2010, 140 páginas.