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miércoles, 18 de marzo de 2015

Sueño





Este relato largo, editado con el mimo habitual por Libros del Zorro Rojo, ha sido mi primera aproximación al universo Murakami y, ciertamente, no he salido defraudado. Mediante la técnica del monólogo interior, el autor japonés nos va presentando a una protagonista con un aparente problema, más bien paradójico: lleva diecisiete días sin dormir, pero no es un caso de insomnio, ya que conserva un estado físico excelente y una mente clara, aún más lúcida que antes.

Esta joven, a punto de cumplir treinta años y cuyo nombre nunca se menciona, llevaba hasta entonces una existencia apacible. Esposa y madre de un niño, sin problemas económicos, pasea por una vida rutinaria compuesta de compras, preparación de comidas, natación en el gimnasio y cuidado de la familia. Es ella misma la que nos va contando ese paulatino aletargamiento de su mundo personal: «A grandes rasgos, un día era una repetición del otro».


El escritor japonés en versión de la ilustradora


Murakami (Kioto, 1949) logra transmitirnos esa monotonía, esa aparente felicidad, mediante una cadencia especial en las frases y una selección certera de las palabras. Pero, a la vez, intuimos que algo falla. Esa uniformidad en la relación con su marido, un hombre de éxito, y su pequeño está a punto de dar un vuelco. Y será justo este extraño insomnio el que le sirva de revulsivo al tedio en el que se ha instalado.

La vigilia forzosa le hace recuperar viejos hábitos, como la pasión por la lectura, que vuelve a retomar con fruición. No es casual que la primera obra que relea de cabo a rabo sea Anna Karénina. Es así como, poco a poco, empieza a rescatar actividades a las que había renunciado tras el matrimonio, algunas aparentemente triviales, como comer chocolate. Y es así como sufre un rejuvenecimiento interior y exterior evidente.


«No era capaz de explicarlo bien, pero sentía grandes deseos de nadar con todas mis fuerzas para expulsar, de este modo, algo de mi interior. Expulsar. Pero ¿qué diablos iba a expulsar yo? Intenté reflexionar sobre ello. ¿Expulsar qué?
No lo sabía.
Pero ese algo flotaba vagamente en el interior de mi cuerpo como si fuera una especie de potencialidad. Quería darle un nombre, pero no se me ocurría ninguno. Tenía poca habilidad buscando palabras. Seguro que Tolstoi hubiera sabido hallar el término preciso».


Pero esta paradoja llega a un punto de no retorno, a una transformación vital «a lo Kafka» que la lleva a cambiar su concepción inmutable de las cosas y de las personas, empujándola a obrar en consecuencia. Con todos sus efectos…



  
No desvelaré nada más para que el lector pueda disfrutar del sorprendente resto del libro. Una narración notable, con un Murakami preciso, sutil e imaginativo, y donde se intuye también el buen hacer de la traductora. Y, por supuesto, un excelente trabajo de ilustración de la alemana Kat Menschik (Luckenwalde, RDA, 1968). Sus magníficas ilustraciones de página entera a dos tintas son el contrapunto perfecto a esos pasajes oníricos de la narración, así como al fluir de la consciencia o la mutación personal de la protagonista. Unos dibujos con una fortaleza impresionante que capturan de manera fiel el espíritu de la historia. El propio escritor lo expresó claramente: «Sus imágenes son de verdad diferentes y únicas. Es precisamente ese sentido de otredad el que como autor quiero evocar en mis lectores».




Un relato para reflexionar acerca de nuestra existencia, de las segundas oportunidades o de los abismos que pueden abrirse de repente bajo nuestros pies. Un texto que me ha dejado con ganas de seguir adentrándome en las atmósferas del autor japonés. Dada la buena experiencia del tándem creativo Murakami-Menschik, quizá me decida por el relato La biblioteca secreta, publicado a finales del año pasado por esta misma editorial.

Sueño, Haruki Murakami
Traducción de Lourdes Porta
Ilustraciones de Kat Menschik
Libros del Zorro Rojo, 2013, 84 páginas, 14,90

lunes, 3 de noviembre de 2014

Cuentos de Odesa




Son miles y miles los rusos que sufrieron el terror de la represión estalinista. Nadie estaba a salvo de sus persecuciones, ni siquiera los miembros del propio partido comunista. Una de esas víctimas fue el escritor Isaak Bábel (1894-1940), nacido en la entonces próspera y ahora convulsa ciudad portuaria de Odesa, en el Mar Negro.

Pasó su infancia y parte de la juventud en el barrio judío de Moldavanka. Estudiante aplicado y lector de autores franceses como Maupassant, según él mismo comenta en su Autobiografía, «en los recreos solía ir al pantalán del puerto, a jugar al billar en los cafés griegos, a las tabernas». Una vez acabados sus estudios se instaló en San Petersburgo, donde comenzó a escribir relatos. Fue allí donde conoció a Gorki, que publicó alguno de ellos en su revista y le recomendó mezclarse con el pueblo para mejorar su literatura.

Y así lo hizo. Durante siete años (de 1917 a 1924) se lanzó a explorar el mundo. Fue soldado del ejército rojo en el frente rumano, realizó diversos cometidos dentro del partido, trabajó como redactor y periodista en San Petersburgo y Tiflis, y en 1920 fue enviado como corresponsal de guerra para cubrir la campaña del Primer Ejército de Caballería contra los polacos y las fuerzas antisoviéticas rusas. De esta última experiencia nacería su libro más conocido: Caballería Roja.

Según expresó el propio Bábel, «no fue sino en 1923 cuando aprendí a expresar mis pensamientos con claridad y concisión. Entonces me puse a escribir otra vez». Y fruto de esa nueva fuerza narrativa en 1924 salieron a la luz cuentos como Sal, Una carta o La muerte de Dolgushov (incluidos posteriormente en Caballería Roja), que fueron publicados en la revista Lef, editada por Mayakovski.


Isaak Bábel en los años 30


De vuelta en su ciudad natal y mientras trabajaba como periodista, Bábel publicó sus Cuentos de Odesa, una colección de relatos cortos que retratan la vida cotidiana del hampa local en el barrio de su infancia antes y después de la Revolución de Octubre. Una pequeña selección de estos textos acaba de ser publicada por Ediciones Nevsky en forma de libro ilustrado. El volumen contiene cuatro relatos centrados en el personaje del «Rey» Benia Krik, que junto con su banda de malhechores es el jefe absoluto de Moldavanka y hace y deshace a su antojo. Parece que para componer su personaje el escritor ruso se basó en la figura real de Mishka Yaponchik (1891-1919), un gánster local que controlaba buena parte de Odesa a finales de los años 10.

En el cuento que abre el libro, El Rey, un anuncio hecho en medio de la boda de la hermana del todopoderoso Benia Krik provocará un fin de fiesta bastante peculiar. El ambiente del mundo criminal es también el protagonista de Qué sucedió en Odesa, donde se narra la ascensión del Rey dentro del escalafón delictivo. En El padre -el relato que más me ha gustado-, la veinteañera Baska siente la llamada fulminante del amor y decide que su singular padre ha de tomar cartas en el asunto por su propio bien. Aquí el buen oficio de Bábel despliega una galería de personajes y situaciones impagables:


«La muchacha quería una vida así, pero bien sabía que la hija del tuerto Graj no podía contar con encontrar un buen partido. Así que dejó de llamar padre a su padre.
     –¡Ladrón pelirrojo! –le gritaba por las tardes–, ande, ladrón pelirrojo, véngase a cenar…
     Y se prolongó hasta que Baska hubo cosido seis camisones y seis pares de pantalones con volantes de puntilla. Cuando hubo acabado los ribetes de las puntillas, se echó a llorar y en voz baja, en una voz que no parecía su voz, le dijo entre lágrimas al inquebrantable Graj:
     –Todas las muchachas –le dijo– tienen algo interesante en sus vidas, yo soy la única que vive como un vigilante nocturno en un almacén ajeno. O hace algo por mí, papá, o pondré fin a mi vida…».


Por último, en Liubka la Cosaca, asistimos a una jornada bastante peculiar en la vida de una de las taberneras más conocidas y pluriempleadas de Moldavanka, con un sentido de los negocios muy particular.

Todos estos relatos tienen un tono común muy cercano, una atmósfera que recuerda los mecanismos de las historias tradicionales transmitidas de forma oral por un testigo de los hechos. El mismo narrador va captando el interés del lector mediante descripciones pormenorizadas y haciendo uso de repeticiones para que no se vaya perdiendo el hilo de la acción. También se usa el recurso de entrelazar personajes en distintos relatos para irradiar una sensación de unidad; así, los actores secundarios de unos pasan a ser protagonistas en el siguiente o viceversa. Y también destacaría el matiz caricaturesco que hace el autor de buena parte de este elenco. Temas como la extorsión, el abuso, la pobreza o las injusticias flagrantes dentro de todas las escalas sociales se tratan con un humor que consigue amortiguar en parte los rigores de lo narrado, dejando alguna oportunidad a la esperanza.

No se trata en absoluto de cuentos oscuros, y para demostrarlo, la ilustradora Iratxe López de Munáin (1985) recrea un mundo lleno de colorido para esta edición. Su estilo expresivo y naíf da la continuidad precisa a las situaciones que se van narrando y nos deja siempre con una sonrisa en la cara (por cierto, genial el guiño a los personajes y el homenaje al propio Bábel en la ilustración que cierra el volumen). Con sus trazos ágiles y desenfadados, creo que ha logrado reflejar muy bien en las imágenes ese descaro que rezuman los textos.




Este colorido contrasta con el trágico final de Bábel. A pesar de que su narrativa le hizo popular como escritor en la Unión Soviética y el extranjero, la falta en su estilo de lo que el régimen llamaba «romanticismo revolucionario» le fue granjeando enemigos políticos. La sinceridad que reflejaban sus textos era demasiado cruda o poco poética para las autoridades y además él se negaba a escribir según las directivas del partido. Fue capeando estos pequeños temporales hasta que en 1934, en el primer congreso de la Unión de Escritores Soviéticos se definió con ironía como «un maestro del silencio», lo que fue interpretado por Stalin como una crítica directa, poniéndolo en su punto de mira. Una vez muerto Gorki -su mayor protector- Bábel quedó expuesto en 1936 a la ira del dictador, que le prohibió viajar al extranjero, donde residía parte de su familia. Cada vez más cercado por el régimen, en mayo de 1939 fue arrestado en su villa de Peredelkino, al sur de Moscú. Encarcelado durante meses, en enero de 1940 fue sometido a un juicio sumarísimo, siendo acusado de terrorismo y espionaje y condenado a muerte, sentencia que se cumplió al día siguiente.

Sirva, pues, este recién estrenado volumen de Cuentos de Odesa para hacer un homenaje a Isaak Bábel y a todos aquellos damnificados por las atroces purgas de la Unión Soviética. Y también felicidades para James y Marian Womack, la fuerza motriz de Nevsky, que llevan ya todo un lustro rescatando buena literatura rusa.

Cuentos de Odesa, Isaak Bábel
Traducción de Marta Sánchez-Nieves
Ilustraciones de Iratxe López de Munáin
Nevsky, 2014, 128 páginas, 16

viernes, 27 de diciembre de 2013

Nueva colección de narrativa breve



Los amantes de la narrativa breve estamos de enhorabuena. La editorial Elba, especializada en ensayos sobre arte, textos de artistas y crónicas de viajeros de antaño, acaba de lanzar al mercado una nueva colección. Bajo el título de Ficciones, el sello de Clara Pastor va a apostar por colecciones de relatos breves hasta ahora inéditas en español.

Los dos primeros títulos son La soledad de la compasión, de Jean Giono, e Historias de Manhattan, de Louis Auchincloss, y están disponibles desde el 27 de noviembre. Tanto la elección de autores (poco difundidos en España, pero de solvencia narrativa contrastada) como el diseño editorial (portadas elegantes de aire retro, con ilustración en blanco y negro y un solo detalle en color) dejan claro que Elba sigue confiando en un público –que lo hay, señores editores– que busca calidad fuera de las modas del momento.

Dejo a modo de presentación un extracto de la nota de prensa de la editorial para cada libro. Yo pienso empezar degustando los relatos rurales de Giono.




Los veinte relatos de La soledad de la compasión (156 páginas, 18 Eur), probablemente una de las mejores obras de Giono, constituyen un retrato conmovedor y nostálgico de la vida rural en la Provenza. Uno tras otro, el autor trata algunos de los aspectos más íntimos y universales de la experiencia humana: una amistad forjada en las trincheras en plena guerra, el vínculo entre el hombre y la tierra, o el descubrimiento, ya en la vejez, de la fragilidad de la vida y «la soledad de la compasión».

Los personajes de Giono –el cura del pueblo, un pastor solitario, los clientes habituales del café y su propietario, o forasteros aparentemente surgidos de la nada que se desvanecen como aparecieron– son, unas veces, luminosos, sabios y decentes, y otras, toscos e inmorales, pero reflejan siempre un profundo conocimiento del alma humana.

El olor a tierra húmeda, a sangre, el sonido del viento o el particular diálogo entre un hombre y un animal herido, evocan un universo singular y acaso para muchos ya desaparecido en el que aún resuena la melodía, algo triste, de una humanidad entera.

Jean Giono (Manosque, 1895-1970) hijo de un zapatero y una lavandera, nació y vivió toda su vida en la Provenza. Es uno de los escritores más queridos de su generación, aunque su obra queda fuera de las modas y las corrientes literarias, tanto de las de su época como de la actual.

Giono es autor de más de treinta novelas, así como de varios volúmenes de relatos, poesía, obras de teatro y ensayos. Una serie de estos últimos se reunieron en un solo volumen bajo el título Refus d’obéissance (1937). Al inicio de la Segunda Guerra Mundial Giono fue encarcelado por sus opiniones pacifistas e injustamente acusado de colaboracionista al final de la guerra. Giono fue nombrado miembro de la Academia Goncourt en 1954 y miembro del Consejo Literario del Principado de Mónaco en 1963, y salvo algunos viajes a París y aún menos al extranjero, nunca se alejó mucho de la región en la que se sitúan todas sus obras.




Historias de Manhattan (296 páginas, 22 Eur) es un colorido relato del siglo XX neoyorquino y de los círculos más exclusivos, y algo enrarecidos, de la ciudad. Los personajes de Auchincloss, un agudo observador de las paradojas morales entre las que se debate la «buena sociedad», tan pronto ascienden hasta alcanzar el nivel más alto en la escala social, como se desmoronan ante el contratiempo más insignificante. En el camino siempre hay un momento en el que surgen los problemas de conciencia, a menudo con resultados sorprendentes.
 
Desde las lealtades aristocráticas, aún vigentes en los albores del siglo, hasta las intricadas maquinaciones de las modernas operaciones de fusiones y adquisiciones, el mundo adinerado y glamuroso que describen estos diez relatos nos ofrece un retrato brillante de la denominada «gente bien», pero sobre todo muestra, con una elegancia y precisión insuperables, cómo los rasgos irremediablemente humanos de las personas, aunque se cubran de tweed y pieles, siempre acaban por manifestarse.

Louis Auchincloss (Nueva York, 1917-2010) perteneció a la clase privilegiada sobre la que escribe, y fue alumno en las mejores escuelas del país, primero en Groton y luego en la Universidad de Yale. Salvo los años en los que sirvió en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial, compaginó siempre su labor de abogado con la de escritor. Auchincloss está considerado un clásico moderno de la novela y el relato de costumbres, señalado como uno de los grandes por escritores de la talla de Gore Vidal. Autor de cincuenta y siete libros, fue miembro y presidente de la American Academy of Arts and Letters.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Extrañas compañías: McCullers / Adele / Mike & The Mechanics



La entrega de hoy vuelve a tener al amor como protagonista, pero en este caso su lado oscuro, el desequilibrio entre afectos. Para ilustrar la parte literaria no se me ocurre mejor ejemplo que un fragmento de uno de los relatos más conocidos de la sureña Carson McCullers. Cuando leí esta parte, me dio la impresión de que la autora urdió el resto del cuento para expresar en estas pocas frases su propia experiencia –bastante azarosa, por cierto– y lo que duele el desamor y la falta de equilibrio dentro de una relación.




En cuanto a la música, el catálogo de amores perdidos, marchitos o no correspondidos corre a cargo de la británica Adele (un portento de voz) y de Mike & The Mechanics (canción y vídeo estupendos).


“En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante del que estamos hablando no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Se da por ejemplo el caso de un hombre que es ya abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.

Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón: pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor.”

La balada del café triste. Carson McCullers (1951)



Someone like you. Adele (21, 2011)



Another cup of coffee. Mike & The Mechanics (Beggar on a beach of gold, 1995)

jueves, 4 de octubre de 2012

La "insuperable" vida familiar



 

La joven editorial barcelonesa Rayo Verde se está distinguiendo por la publicación de autores singulares, con obras de gran calidad pero poco o nada conocidos en nuestro país. Este es el caso de Me gustaría, el primer libro publicado en español de la escritora y periodista griega Amanda Mijalopulu (Atenas, 1966).

La idea original de la autora era redactar una novela sobre una joven aspirante a escritora; sin embargo, su objetivo cambió para transformarse en trece relatos interconectados, muchos de los cuales ofrecen una visión o una biografía de la que iba a ser la protagonista inicial de la novela. Este entramado de historias comparte un tema central: la familia, o más bien, las relaciones familiares, que sirven de punto de partida para reflexionar sobre los vínculos entre padres e hijos, la infancia, la vejez, las relaciones de pareja, las metas personales o la convivencia entre hermanos.

“Pienso que los demás tienen problemas reales. Dónde dejarán al niño para ir a firmar un contrato. Cuándo irán a visitar a su madre enferma. Qué van a ponerse para un funeral o una boda, y qué van a decir. Nosotros vivimos manteniendo una distancia prudencial con los parientes y la sociedad. Nuestra tristeza es densa e inmóvil como el calor. El éxito, la competitividad, la esencia del arte han reemplazado el sustento, la familia, el sentido de la vida.”

Con la intención de descolocar al lector, Mijalopulu se adentra en estas cuestiones de forma a veces benévola, otras burlona, pero siempre con un fondo melancólico. Incluye a menudo destellos irónicos e incluso cortantes para diseccionar la vida en familia con la precisión de un cirujano, sacando a la superficie tanto lo mejor como lo más oscuro de los personajes. Los textos se van entrelazando por la aparición de protagonistas comunes y de objetos compartidos, que funcionan como hilo conductor aparente, pero que en realidad sirven para sorprender y confundir más de una vez al lector. Así, una boina roja, la lluvia persistente, figuras de porcelana, camillas, sillas de ruedas o incluso citas de Rilke regadas con ouzo viajan de un cuento a otro con una facilidad asombrosa.

“Se había tumbado en el césped, exhausta. La arrastraba por los tobillos. El viento rugía. El pino nos saludaba con todas sus ramas. Abrí la cancilla del patio y la arrastré un poco más, hasta el coche. Abrí la puerta del copiloto y la ayudé a sentarse. Le puse el cinturón de seguridad.
–Ya casi estamos…
Me levanté el cuello de la gabardina y le mostré el agujero en el techo.
–Tenemos la mejor climatización, ¿lo ves?
–Mmm.
–Una vez mi hermana discutió con mi madre. Cogió el coche y se estrelló contra un árbol. No le pasó nada, pero el techo se hundió. Hizo que se lo quitaran del todo. Cuando llueve, se moja. Cuando hace frío, se hiela. Y así se acuerda.”


La autora de este entramado familiar


Con un estilo ágil, preciso, que engancha desde las primeras líneas, Amanda Mijalopulu nos invita a pensar en el amor, las rupturas, el paso del tiempo, los lazos personales o el proceso creativo del escritor. En cuanto a los relatos (aunque es difícil elegir) yo destacaría cinco: el que da título al libro, realmente soberbio; Zapatillas de punta, donde las cosas no son lo que parecen a primera vista; Luz, en el que deambulan ancianas peculiares y mormones; La caza de las luciérnagas, un retrato emotivo sobre las consecuencias de una separación; y el que cierra el volumen, Me gustaría (versión orquestal), que da la clave para encajar los textos anteriores, una especie de revelado final por parte de Stela -la protagonista- de las fotos desenfocadas que nos ha ido dejando por el camino. Los que prefieran la vena surrealista de la autora también disfrutarán con el derroche de imaginación y sarcasmo que es Dentes o con el críptico Relato para tontos.

Esta autora ha sido para mí un verdadero descubrimiento. Es una lástima que la literatura griega contemporánea sea tan poco traducida en España. Me gustaría se publicó en Grecia en 2005, y Amanda Mijalopulu ha escrito hasta el momento seis novelas, tres colecciones de relatos y varios libros infantiles, habiendo recibido por sus obras numerosos premios literarios. Ya era hora de que una editorial española apostara por ella. Desde aquí mi enhorabuena a Rayo Verde, confiando en que cunda el ejemplo.

Me gustaría, Amanda Mijalopulu
Traducción de Mercè Guitart
Rayo Verde, 2012, 160 páginas, 18

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Peking by Night





Debo confesar que empecé con bastantes ganas la lectura de este libro de relatos. No conocía a Basara salvo por las buenas críticas que obtuvo en 2010 su obra Guía de Mongolia -también publicada por Minúscula-, pero me temo que en esta ocasión he salido ampliamente trasquilado.

En primer lugar, reconozco que el serbio Svetislav Basara (1953) escribe de maravilla, con un estilo narrativo potente y una precisión en el lenguaje envidiable, pero es el tema machacón que subyace por este entrelazado de veintidós relatos lo que ha hecho que, conforme avanzaba, el libro se me haya ido cayendo de las manos. Y no es otro que el de la propia identidad, de una especie de debate filosófico sobre el “yo”.

Ya sean extranjeros, apátridas, misántropos (o incluso el protagonista de un relato que critica a su escritor por el rumbo que le hace tomar a su pesar), la galería de personajes que nos presenta Basara practica hasta la extenuación el monólogo interior. Se cuestionan situaciones, dogmas o relaciones a lo largo de cada relato, para llegar en muchas ocasiones a darse cuenta de lo vacías que están sus vidas.

Aparte de este panorama, Basara introduce varias veces el tema de la “metaliteratura”: un guardameta cuelga las botas para dedicarse a escribir, aparecen encendidos debates sobre el proceso de creación de una obra, un relato resulta ser una reseña paranoica de otro anterior, o bien escritores frenéticos llevan su afición hasta el extremo (“Morí antes del amanecer, pero no dejé de escribir”), sólo por poner unos ejemplos.

A este cóctel metafísico-filosófico sobre el individuo y la sociedad (donde aparecen hasta Kant o Hegel), trufado con dibujos a mano y fotografías en blanco y negro, hay que añadir abundantes toques surrealistas, juegos con el absurdo, un barniz irónico y un humor negro de campeonato. El resultado final, para mí, es un cocido demasiado ontológico y experimental.


Basara fotografiado por Tomislav Janjić


 
A pesar de todo, hay varios relatos que me han gustado y que recomiendo. Historia de una caída es un ejemplo perfecto de cómo se puede “sacar petróleo” de una simple foto antigua. También disfruté con esa especie de suicidio naíf en masa que es Guateque fatal. Y del cuento más largo, Perdido en el supermercado, -cuyo protagonista recibe una reprimenda telefónica del mismísimo Dios- rescato dos momentos estelares:

“Para que lo sepas, tengo muy mala opinión de tu prosa. En general me importa poco la prosa, pero de la tuya tengo una opinión excepcionalmente desfavorable porque está repleta de mentiras y cobardías.” (Pág. 130)
“Hace tiempo que me he dormido y no consigo parar de hablar. Sueño con tonterías, pero hablo de otras tonterías. No hay paz en mis sueños. No hay paz en general. La historia tiene que fluir. Él ha decidido escribir un relato de treinta páginas. […] Tengo que inventar. Todo lo que digo es puramente inventado. Pero los críticos, esas polillas tísicas, encontrarán de todos modos algo para sí. No debería ser tan severo con los críticos. Realmente no debería. Únicamente ellos se tomarán en serio mi tristeza, mi desolación, mi soledad.” (Pág.139)

Tendré que darle otra oportunidad a Basara más adelante, pero de momento me quedo con un producto de nuestra tierra, que también sorprende con textos absurdos, irónicos y desbordantes de imaginación, pero con una pegada mucho más contundente que sí consigue engancharte hasta el final del relato: Javier Tomeo.

Peking by Night, Svetislav Basara
Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
Minúscula, 2012, 178 páginas, 16,50

viernes, 10 de febrero de 2012

La fuerza onírica de Kafka

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Muchos de los escritos de Franz Kafka destilan opresión, angustia y desasosiego. El autor checo fue un especialista en crear ambientes claustrofóbicos, influido por su propia vida y la figura agobiante del padre. Así mismo, en sus narraciones dio rienda suelta a su enorme imaginación, experimentando con combinaciones sorprendentes, prácticamente surrealistas, entre el mundo real y el fantástico. Por todo ello, Kafka ha influido de forma notable en la obra de muchos escritores posteriores.

En esta ocasión, Libros del Zorro Rojo pone a nuestro alcance una selección de 26 narraciones, que van desde el microrrelato hasta el cuento largo, realizada e ilustrada por el artista alemán Nikolaus Heidelbach (Lahnstein, 1955). Su obra ha sido premiada con diversos galardones y es uno de los ilustradores más originales de su país. Según sus propias palabras, su relación con los pinceles comenzó muy pronto: He vivido desde niño rodeado de pintura, pero creo que cuando mezclé los colores azul y negro y se transformaron en plata imaginé el filo de un cuchillo, y a partir de ese momento no pude detenerme. Aquella transformación fue definitiva. En este excelente trabajo, consigue reflejar fielmente el mundo onírico de los relatos de Kafka, con imágenes bellas, sorprendentes y fieles en todo momento a los sentimientos que relata el autor checo.




Textos e imágenes se unen para reflejar las principales obsesiones de Kafka. La soledad de los protagonistas es un tema recurrente, que aparece en Blumfeld, un soltero entrado en años…, Somos cinco amigos… o en El jinete del cubo. El ingrediente fantástico se manifiesta muchas veces en forma de animales corrientes u objetos inanimados que desarrollan poderes humanos, hablan y razonan, como en Chacales y árabes, Érase una vez un juego de paciencia… o Seguid bailando, cerdos… En otras ocasiones es un incidente banal el que degenera en un episodio angustioso, como en el genial Estaba sentado en el palco…

También se aprecia una sutil ironía en algunos relatos, con mensajes de crítica social y religiosa, por ejemplo en Durante la construcción de la Muralla China o En nuestra sinagoga vive un animal… Hay que destacar, y es un juicio que a veces se hizo de ciertos relatos de Kafka, que algunas narraciones parecen fragmentos o cuentos incompletos. Sin embargo, el autor no era propenso a dar puntadas sin hilo, por lo que esa aparente falta de conclusión es deliberada y obliga al lector a pensar en posibles interpretaciones alternativas.

En esta breve antología también hay espacio para el humor y los cuentos radiantes, con perlas como No puedo dormir…, ¿En qué reside tu poder? o incluso el que abre el volumen: Añado una fotografía mía. Tenía quizás cinco años. En aquel entonces la cara de malo me parecía divertida. Hoy la considero de una recóndita severidad.” Este texto acompañaba una fotografía que Kafka envió a su prometida de esa época, Felice Bauer. El escritor tenía unos dos años cuando fue tomada la foto, y la interpretación artística que hace de ella Heidelbach me parece genial:




En resumen, esta edición ilustrada me parece altamente recomendable, tanto para los amantes de las atmósferas elaboradas por Kafka como para los lectores que disfrutan admirando ilustraciones bellas, fieles al texto original, pero con un plus de imaginación que las hace especialmente atractivas.

“Desde hace una semana mi vecino del cuarto de al lado viene todas las noches a luchar conmigo. Yo no lo conocía, tampoco he hablado hasta ahora una sola palabra con él. Lo único que intercambiamos son unas cuantas exclamaciones que no pueden llamarse “hablar”. La lucha comienza con un “vamos”; a veces uno gime “miserable” bajo las garras del otro; un golpe por sorpresa va acompañado de un “ahora”, un “basta” significa el final, pero siempre continuamos luchando todavía un rato…” (pág. 46).

Ocasión para una pequeña desesperación, Franz Kafka
Traducción de varios autores
Selección e ilustraciones de Nikolaus Heidelbach
Libros del Zorro Rojo, 2011, 120 páginas, 23

domingo, 29 de enero de 2012

Los sueños de Helena

Libros del Zorro Rojo acaba de publicar Los sueños de Helena, un nuevo libro de Eduardo Galeano especialmente iluminado por Isidro Ferrer, Premio Nacional de Ilustración 2006. A continuación os dejo la información recibida de la editorial:


 

La obra recopila todos los textos que el gran narrador uruguayo escribió sobre los sueños de su mujer, Helena Villagra, y que han ido apareciendo en algunos de sus libros más emblemáticos, como Memoria del fuego (1982), El libro de los abrazos (1989), Las palabras andantes (1993), Bocas del tiempo (2004) o Espejos (2008).
En el prólogo a esta edición, Galeano señala: «Helena me humilla cada mañana, a la hora del desayuno, contándome sus sueños prodigiosos. Ella entra en la noche como en un cine, y cada noche un sueño nuevo la espera. Mientras ella cuenta, yo bebo mi café en silencio. Más me vale callar. Los pocos sueños míos que consigo recordar son de una bochornosa estupidez. Para vengarme, escribo los sueños que ella vuela. Aquí están, reunidos, fugitivos de las páginas de mis libros que ellos, los sueños, han mejorado tanto. Las obras de Isidro los acompañan, de la mejor manera.»
Las historias soñadas hablan del exilio, de los amigos ausentes, de la memoria y siempre se muestran revestidas de poesía. La prosa de Galeano, breve y exacta, refiere las historias al modo de un diario de la imaginación, donde los sueños son episodios de una historia mayor que comprende los días y las noches. «El sueño sueña en otra edad, en otro mapa, en otro tiempo», dice Galeano, y las historias pueden ofrecerse al soñador: «Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados. Helena no podía soñarlos a todos, no había caso, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba: Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar
En otros episodios los amigos vuelven: «Con un solo brazo, nos abrazaba a los dos. El brazo era larguísimo, como antes, pero todo el resto había encogido muchísimo, y por eso Helena lo soñaba con desconfianza, entre creyendo y no creyendo. Julio Cortázar explicaba que había podido resucitar gracias a una máquina japonesa, que era muy eficiente pero todavía estaba en fase de experimentación, y por error la máquina le había dejado enano todo el cuerpo salvo un brazo.»
Si los sueños son una forma de escritura, en la reescritura de Galeano estos se nos revelan con la misma poesía que caracteriza sus otras historias, las que su obra ha ido recogiendo en cantares y memorias.




Los sueños de Helena es el cuarto título de la Colección Encuentros, serie con la que Libros del Zorro Rojo se ha propuesto publicar cuidadas ediciones que reúnen a reconocidos escritores y artistas gráficos contemporáneos. El primer título de la colección fue Historias de París, de Mario Benedetti ilustrado por Antonio Seguí, al que siguieron Bajo la lluvia ajena de Juan Gelman con aguafuertes de Carlos Alonso y El gran zoo de Nicolás Guillén con imágenes de Arnal Ballester.
Para Los sueños de Helena, el trabajo de ilustración ha correspondido a Isidro Ferrer (Madrid, 1963), considerado uno de los mayores artistas gráficos del presente y que fuera galardonado con el Premio Nacional de Ilustración 2006 por el Ministerio de Cultura. A partir de los textos de Galeano, Isidro Ferrer ha sabido elaborar una serie de composiciones donde conviven esculturas, collages y dibujos; esa pluralidad de técnicas construye una melodía, una delicada atmósfera a través de la cual los sueños se reconocen para volver a suceder. La belleza, el humor y la elegía están presentes en cada imagen, haciendo de su conjunto uno de los trabajos más sobresalientes de su trayectoria como ilustrador.

Los sueños de Helena, Eduardo Galeano
Ilustraciones de Isidro Ferrer
Libros del Zorro Rojo, 2011, 64 páginas, 19,90

lunes, 23 de enero de 2012

Scott Fitzgerald está de moda...


Este 2012 recién estrenado nos trae, entre otros aniversarios, la celebración del bicentenario de Charles Dickens. Por tanto, dentro de poco nos veremos inundados de reediciones de sus novelas, nuevas traducciones, biografías y estudios varios sobre su obra. Es lo que tienen los clásicos... Sin embargo, a veces no es necesario que se celebre ningún gran aniversario para que aparezcan en el mercado varios libros a la vez de un determinado autor. Esto es lo que ha ocurrido con otro estupendo clásico: Francis Scott Fitzgerald.

Son varias las editoriales que acaban de publicar obras del estadounidense. Os dejo a continuación cada una de sus propuestas (información extraída de las notas de prensa):


 Tres historias en torno a Gastby
Traducción de Susana Carral
Rey Lear, 2012, 144 páginas, 12,50 


Durante los años previos a la publicación de El gran Gatsby (1925), Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) escribió algunos relatos donde ensayaba la relación entre un hombre hecho a sí mismo y una mujer rica y caprichosa, tan guapa como tonta, y preferentemente rubia. Algunos de los personajes creados para estas historias fueron aprovechados en la novela, otros se descartaron pero sirvieron para construir la peculiar atmósfera del entorno de Gatsby.
Tres de las mejores son Sueños de invierno (1922), Dados, puño americano y guitarra (1923) y Lo más sensato (1924), recopiladas junto a otras seis más en el libro All the Sad Young Men (1926). Sueños de invierno apareció por primera vez en el número de diciembre de Metropolitan Magazine, una de las muchas revistas que literalmente alimentaban a Scott Fitzgerald entre novela y novela, práctica muy habitual entre los escritores norteamericanos de la primera década del siglo XX. Está ideado a modo de novela corta y es una historia de amor agridulce, como la vida de Zelda y Francis Scott Fitzgerald, aunque Judy Jones, la protagonista, carece de los problemas psíquicos de Zelda; simplemente es frívola.
Dados, puño americano y guitarra es un cuento de hadas; de hadas sureñas, eso sí, con esclavo negro y música de jazz. Fue el primero que su autor publicó en las revistas del poderoso William Randolph Hearst —el Ciudadano Kane de Orson Welles—. Salió en el número de mayo de 1923 de Hearst’s International y su protagonista femenina, Amanthis, es rubia pero lista y sensible, como las mujeres raras de Carson McCullers. Humorístico y poderoso, en ocasiones también bordea lo fantástico con detalles como el del misterioso automóvil que al tomar cada curva se va partiendo por la mitad, de arriba a abajo. El desprecio de Scott Fitzgerald por su narrativa corta, que siempre tachó de alimenticia, no se conjuga con la enorme calidad de esta historia que recoge lo mejor de Mark Twain y se anticipa a los grandes narradores del Sur, como Tennesse Williams o la mencionada McCullers.
Subdividido en cuatro partes, Lo más sensato apareció el 15 de julio de 1924 en la revista Liberty, que pagó a Scott Fitzgerald 1.750 dólares de la época, lo que suponía un precio bastante alto aunque todavía lejos de los 4.000 dólares que llegaría a cobrar en 1929 por cada una de sus entregas al Saturday Evening Post. Lo más sensato es la narración más sencilla de este volumen y refleja cómo el éxito permite recuperar el amor, algo similar a lo que le ocurrió al propio Scott Fitzgerald entre 1919 y 1920, período en el que él logró reconquistar a Zelda a consecuencia de sus primeros éxitos editoriales.
Hay un regusto amargo en el colofón que lo hace muy Gatsby: «En el mundo hay toda clase de amores, pero nunca el mismo amor se repite dos veces».
(Del prólogo del editor)


Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año
Traducción de Julia Osuna
Gallo Nero, 2011, 120 páginas, 10 

Fitzgerald se casó con Zelda en 1920 y a lo largo de su vida ganó mucho dinero tanto por su trabajo en la industria cinematográfica como por sus artículos, cuentos y novelas. También derrochó mucho dinero y tardó años en aprender a gestionar sus ganancias o por lo menos en contener los gastos.
Presentamos aquí reunidos dos artículos autobiográficos, dos brillantes muestras de su refinado talento, las crónicas de sus intentos fallidos de ahorrar, ambos publicados en 1924 en el Saturday Evening Post.
En Cómo sobrevivir con 36000 dólares al año, un retrato irónico y representativo de la clase media norteamericana, los Fitzgerald se mudan a las afueras de Nueva York y compran un libro de contabilidad en el que Zelda registra minuciosamente cada recibo en un intento desesperado de ahorrar. El éxito de ese primer artículo le animó a escribir una secuela: Cómo sobrevivir prácticamente con nada. Esta vez la familia Fitzgerald sube a un barco rumbo a Europa donde, eso pensaban, habrían podido vivir bien y con poco dinero.
Cierra el libro el artículo “La declaración de la renta de F. Scott Fitzgerald” firmado por el prof. William J. Quirk y publicado en la revista The American Scholar.


 Mi ciudad perdida
Traducción de Yolanda Morató
Zut Ediciones, 2011, 314 páginas, 18 

Mi ciudad perdida cumple un deseo que Francis Scott Fitzgerald nunca pudo realizar en vida. En distintas cartas a Max Perkins, su editor en Charles Scribner’s Sons, el escritor intentó persuadirlo entre 1934 y 1936, sin éxito en ninguna ocasión, para que publicase el conjunto de ensayos que ahora se traduce por primera vez al español.
Siguiendo el deseo del novelista norteamericano más influyente y personal del siglo XX, la presente edición respeta el orden de los artículos que Fitzgerald seleccionó de entre sus muchas colaboraciones periódicas. Sobreponiéndose a las estrictas reglas del género –pues todos los textos fueron escritos para revistas como New Yorker, Saturday Evening Post, Cosmopolitan, Esquire y Bookman–, Fitzgerald se las arregló para ir tramando una red de hilos que tejen una suerte de autobiografía de escritor, en la que los ensayos más extensos giran en torno a la escritura de relatos de ficción y no ficción como único medio de subsistencia en el periodo que transcurre entre dos de sus grandes novelas, A este lado del paraíso (1920) y El gran Gatsby (1925), cuando trataba de labrarse una reputación en los círculos literarios estadounidenses.
Mi ciudad perdida es mucho más que una recopilación de ensayos circunstanciales. Es una fiesta de una de las inteligencias más despiertas y sensatas de una época que tuvo mucho de insensata, como la nuestra. Porque Fitzgerald fue, para quienes vinieron luego, más que un escritor, una época.

Por último, hay que recordar las ediciones de El gran Gastby de Paréntesis (traducción de José Luis Piquero, 182 páginas, 13 €) y de Anagrama (traducción de Justo Navarro, 197 páginas, 17,50 ), aparecidas ambas el año pasado. Así pues, gran variedad de buenas lecturas donde elegir.