A veces, narrar es nadar. Nadar es un placer asegurado y me aproximo a él sin el menor temor a sentirme defraudada. Narrar no es siempre así, pero quizá, si yo no nadara, no tendría las fuerzas necesarias para narrar cuando narrar no es nadar.
Un buen tráiler, ya sea de una película o de un libro, ha de mostrarnos fugazmente los ingredientes de la trama, hablarnos de los personajes, insinuar más que desvelar, pero sobre todo debe dejarnos con ganas de averiguar más.
En el ejemplo de hoy, se recrea a la perfección el ambiente frívolo de la relamida burguesía rural británica que destila la novela. Una acertada selección de todos los elementos (música, ilustraciones, comentarios, tipografía y diseño gráfico), junto a un par de frases afortunadas, típicas de las fajas de promoción, provocan unas ganas tremendas de salir corriendo a asaltar la librería más cercana.
Heredero de los tráilers de cine y de los clips musicales, el tráiler literario -o book trailer- es un pequeño corto que se utiliza como avance promocional en imágenes de un libro. El primero se realizó en Estados Unidos hace nueve años y desde entonces esta herramienta de marketing no ha dejado de crecer. Incluso tienen su propia gala de premios: los Moby Awards.
La industria editorial española también los usa habitualmente, ya que vivimos en un entorno cada vez más audiovisual, aprovechando la posibilidad de difusión de estos videos a través de las redes sociales.
Pretenden enganchar visualmente al lector, creándole la necesidad de saber más acerca de la historia que bosquejan, atrayéndole para que compre el libro. En cuanto al formato, pueden ser desde simples secuencias de fotos con música o pequeñas historias narradas hasta cortos de animación o verdaderas mini-películas con actores, sobre todo en el caso de novedades editadas por grandes grupos editoriales.
En esta sección que inauguro hoy podréis ir viendo diferentes ejemplos de tráilers que me han llamado la atención por la originalidad, la técnica empleada, el mensaje, la belleza o cualquier otra cosa que me haya sorprendido. En el ejemplo de hoy, se consigue hacer de la economía de medios una virtud: