Mostrando entradas con la etiqueta Rayo Verde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rayo Verde. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de mayo de 2014

Saer revisitado






Cuando pensamos en un escritor argentino exiliado en París, siempre nos viene a la mente la figura de Julio Cortázar. Sin embargo, hay otro escritor atípico que cumple ambas condiciones: Juan José Saer (1937-2005). A pesar de que su obra se desarrolló durante más de cuatro décadas y a través de cerca de treinta publicaciones, sigue siendo un novelista, poeta y ensayista bastante ignorado en nuestro país, aunque ganase el premio Nadal en 1987.

Para reivindicar su figura y su manera de narrar, la editorial Rayo Verde se propuso recuperar los títulos más emblemáticos, algunos solo disponibles en España en las ediciones de Destino de los años ochenta. Tras el rescate de La pesquisa (2012) y El entenado (2013), anuncian para junio la aparición en librerías de Nadie, nada, nunca, una novela escrita en 1980 y que gira en torno a un asesino de caballos y a una región con personajes tan peculiares como el Gato o el Ladeado. Un transcurrir despacioso y existencial que a mí me recuerda a Julien Gracq, donde la forma de contar es incluso más importante que la historia misma.

Os dejo con el comienzo de la novela. Nada mejor para introducirse en el universo Saer que la sugerente lectura que hace del texto la argentina María Belén Aguirre. ¡A disfrutar!


miércoles, 12 de junio de 2013

El holandés errante






Un holandés de unos cuarenta años en crisis. Un hombre que no ha tenido una noche libre para divertirse en los últimos cinco años y que no ha conseguido dormir del tirón en todo este tiempo. Un padre que “huye” de casa en busca del Carnaval como última válvula de escape existencial antes de que sea demasiado tarde. Así podríamos definir a Ralf, el protagonista de esta curiosa y atípica novela de Jan van Mersbergen (Gorinchem, Países Bajos, 1971) -en ciertos momentos, su alter ego- que se embarca junto a su tío Lau en el desbordante Vastelaovend de la ciudad de Venlo, en el sureste de los Países Bajos.

La novela es la narración en primera persona de esa noche de Carnaval, desde su desembarco en la ciudad hasta la mañana siguiente. A las pocas páginas, desaparece en la vorágine festiva el tío Lau (una metáfora perfecta de la soledad de nuestro protagonista) y Ralf vaga con su disfraz de Barquero en busca de compañía, de amistad, de un alegre grupo que lo acoja y que le haga sentir parte de algo.


“Después de ofrecer cerveza a los Rojiamarillos y repartir botellines de Flügel, el Mexicano acerca el resto de la bebida a la carpa, donde sus compañeros bailan abrazados a dos chicas rubias con sombreros de copa llenos de flores y una mujer disfrazada de Bruja con gorro de Harry Potter.
     Espero un poco en la barra. Mi estómago emite una señal, pero aun así bebo. Cuarenta y ocho. Quién es mi estómago para decirme cuándo tengo que dejar de beber. Por esa regla de tres debería haber intervenido también cuando mi estado de enamoramiento por Sara lo asaltaba y me impedía comer, durante dos días y medio. […] Mi estómago, un globo, y yo flotando sobre él.”


Durante este largo y etílico deambular, Ralf, en un proceso de autoanálisis, nos irá revelando toda su historia: la infancia en una gabarra con sus padres, su etapa de adolescente, los primeros escarceos amorosos o su definitivo asentamiento en tierra firme. Van Mersbergen nos va dosificando la información poco a poco, haciéndola encajar en el puzzle de forma natural y despertando así la curiosidad de un lector que irá devorando páginas para averiguar todos los detalles que han llevado a Ralf a esta crisis. Por supuesto, no revelaré el núcleo de sus pensamientos ni la raíz de toda esta zozobra familiar cuyos nombres propios son Sara, Maybelle, Alvin y las singulares gemelas Helen y Nettie, una raíz que se plantó veinticinco años atrás. Merece la pena bucear entre las páginas para ir atando cabos.

Sin embargo, que nadie se llame a engaño. Junto a este monólogo trascendental discurre la historia paralela de la narración del carnaval holandés, una historia extremadamente divertida, con camaradas pintorescos, líos fugaces, bailes, amistades para toda la vida (o no), algunas peleas, melancolías pasajeras, episodios memorables y un trasiego sin fin de brebajes estimulantes, licores de hierbas y muchas, muchísimas cervezas.


El flamante premio BNG de Literatura 2011 (foto de Roeland Fossen)
 

Este viaje al espíritu del Carnaval (“Por Carnaval no vas disfrazado de otra persona; por Carnaval al fin eres tú mismo”), es una travesía franca, cercana, sin crónicas sentimentaloides, en la que nuestro borracho Barquero -a pesar de conseguir divertirse y entrar en el juego- no puede dejar de pensar en la familia que ha dejado atrás. Es el retrato sincero de un hombre en busca de afirmación, cuya meta es llegar a ser un buen padre.


“[…] Me balanceo como un tentetieso, de babor a estribor. No estoy solo, porque los demás siguen la danza de esta Grulla. No estoy solo. Vuelvo a sentir el calor de Sara y los niños que me envolvió de los pies a la cabeza al cambiar la casa de mi tío bebedor por la suya. Aquellas primeras semanas, primeros meses. El ajetreo físico de cinco personas. El calor del contacto. La mano de Sara en mi espalda cuando ayudaba a Helen o a Nettie con la comida, de pie junto a la mesa. Subir a las pequeñas en brazos por la escalera. Alvin sentado en el transportín de la bicicleta, con las manos en mi cintura. Camino a la escuela. La rodilla de Maybelle. Este chico humilde les daba lo que necesitaban, y recibía a cambio lo que había estado buscando durante tanto tiempo.”


No había leído nada de Van Mersbergen hasta ahora, pero confío en que Rayo Verde siga traduciendo su obra, ya que esta novela me ha parecido estupenda, tanto por salirse de los tópicos como por el lenguaje y el tono, cercanos y nada grandilocuentes. Nada parece forzado y la información es rica en matices y no se da en su totalidad, para que el lector vaya sacando sus propias conclusiones y se desconcierte a cada paso. Además, el emotivo final no era el que yo esperaba, y ya solo por esa sorpresa valió la pena viajar al otro lado de la noche.

Al otro lado de la noche, Jan van Mersbergen
Traducción de Goedele de Sterck
Rayo Verde, 2013, 192 páginas, 19

jueves, 4 de octubre de 2012

La "insuperable" vida familiar



 

La joven editorial barcelonesa Rayo Verde se está distinguiendo por la publicación de autores singulares, con obras de gran calidad pero poco o nada conocidos en nuestro país. Este es el caso de Me gustaría, el primer libro publicado en español de la escritora y periodista griega Amanda Mijalopulu (Atenas, 1966).

La idea original de la autora era redactar una novela sobre una joven aspirante a escritora; sin embargo, su objetivo cambió para transformarse en trece relatos interconectados, muchos de los cuales ofrecen una visión o una biografía de la que iba a ser la protagonista inicial de la novela. Este entramado de historias comparte un tema central: la familia, o más bien, las relaciones familiares, que sirven de punto de partida para reflexionar sobre los vínculos entre padres e hijos, la infancia, la vejez, las relaciones de pareja, las metas personales o la convivencia entre hermanos.

“Pienso que los demás tienen problemas reales. Dónde dejarán al niño para ir a firmar un contrato. Cuándo irán a visitar a su madre enferma. Qué van a ponerse para un funeral o una boda, y qué van a decir. Nosotros vivimos manteniendo una distancia prudencial con los parientes y la sociedad. Nuestra tristeza es densa e inmóvil como el calor. El éxito, la competitividad, la esencia del arte han reemplazado el sustento, la familia, el sentido de la vida.”

Con la intención de descolocar al lector, Mijalopulu se adentra en estas cuestiones de forma a veces benévola, otras burlona, pero siempre con un fondo melancólico. Incluye a menudo destellos irónicos e incluso cortantes para diseccionar la vida en familia con la precisión de un cirujano, sacando a la superficie tanto lo mejor como lo más oscuro de los personajes. Los textos se van entrelazando por la aparición de protagonistas comunes y de objetos compartidos, que funcionan como hilo conductor aparente, pero que en realidad sirven para sorprender y confundir más de una vez al lector. Así, una boina roja, la lluvia persistente, figuras de porcelana, camillas, sillas de ruedas o incluso citas de Rilke regadas con ouzo viajan de un cuento a otro con una facilidad asombrosa.

“Se había tumbado en el césped, exhausta. La arrastraba por los tobillos. El viento rugía. El pino nos saludaba con todas sus ramas. Abrí la cancilla del patio y la arrastré un poco más, hasta el coche. Abrí la puerta del copiloto y la ayudé a sentarse. Le puse el cinturón de seguridad.
–Ya casi estamos…
Me levanté el cuello de la gabardina y le mostré el agujero en el techo.
–Tenemos la mejor climatización, ¿lo ves?
–Mmm.
–Una vez mi hermana discutió con mi madre. Cogió el coche y se estrelló contra un árbol. No le pasó nada, pero el techo se hundió. Hizo que se lo quitaran del todo. Cuando llueve, se moja. Cuando hace frío, se hiela. Y así se acuerda.”


La autora de este entramado familiar


Con un estilo ágil, preciso, que engancha desde las primeras líneas, Amanda Mijalopulu nos invita a pensar en el amor, las rupturas, el paso del tiempo, los lazos personales o el proceso creativo del escritor. En cuanto a los relatos (aunque es difícil elegir) yo destacaría cinco: el que da título al libro, realmente soberbio; Zapatillas de punta, donde las cosas no son lo que parecen a primera vista; Luz, en el que deambulan ancianas peculiares y mormones; La caza de las luciérnagas, un retrato emotivo sobre las consecuencias de una separación; y el que cierra el volumen, Me gustaría (versión orquestal), que da la clave para encajar los textos anteriores, una especie de revelado final por parte de Stela -la protagonista- de las fotos desenfocadas que nos ha ido dejando por el camino. Los que prefieran la vena surrealista de la autora también disfrutarán con el derroche de imaginación y sarcasmo que es Dentes o con el críptico Relato para tontos.

Esta autora ha sido para mí un verdadero descubrimiento. Es una lástima que la literatura griega contemporánea sea tan poco traducida en España. Me gustaría se publicó en Grecia en 2005, y Amanda Mijalopulu ha escrito hasta el momento seis novelas, tres colecciones de relatos y varios libros infantiles, habiendo recibido por sus obras numerosos premios literarios. Ya era hora de que una editorial española apostara por ella. Desde aquí mi enhorabuena a Rayo Verde, confiando en que cunda el ejemplo.

Me gustaría, Amanda Mijalopulu
Traducción de Mercè Guitart
Rayo Verde, 2012, 160 páginas, 18