miércoles, 19 de septiembre de 2012

Peking by Night





Debo confesar que empecé con bastantes ganas la lectura de este libro de relatos. No conocía a Basara salvo por las buenas críticas que obtuvo en 2010 su obra Guía de Mongolia -también publicada por Minúscula-, pero me temo que en esta ocasión he salido ampliamente trasquilado.

En primer lugar, reconozco que el serbio Svetislav Basara (1953) escribe de maravilla, con un estilo narrativo potente y una precisión en el lenguaje envidiable, pero es el tema machacón que subyace por este entrelazado de veintidós relatos lo que ha hecho que, conforme avanzaba, el libro se me haya ido cayendo de las manos. Y no es otro que el de la propia identidad, de una especie de debate filosófico sobre el “yo”.

Ya sean extranjeros, apátridas, misántropos (o incluso el protagonista de un relato que critica a su escritor por el rumbo que le hace tomar a su pesar), la galería de personajes que nos presenta Basara practica hasta la extenuación el monólogo interior. Se cuestionan situaciones, dogmas o relaciones a lo largo de cada relato, para llegar en muchas ocasiones a darse cuenta de lo vacías que están sus vidas.

Aparte de este panorama, Basara introduce varias veces el tema de la “metaliteratura”: un guardameta cuelga las botas para dedicarse a escribir, aparecen encendidos debates sobre el proceso de creación de una obra, un relato resulta ser una reseña paranoica de otro anterior, o bien escritores frenéticos llevan su afición hasta el extremo (“Morí antes del amanecer, pero no dejé de escribir”), sólo por poner unos ejemplos.

A este cóctel metafísico-filosófico sobre el individuo y la sociedad (donde aparecen hasta Kant o Hegel), trufado con dibujos a mano y fotografías en blanco y negro, hay que añadir abundantes toques surrealistas, juegos con el absurdo, un barniz irónico y un humor negro de campeonato. El resultado final, para mí, es un cocido demasiado ontológico y experimental.


Basara fotografiado por Tomislav Janjić


 
A pesar de todo, hay varios relatos que me han gustado y que recomiendo. Historia de una caída es un ejemplo perfecto de cómo se puede “sacar petróleo” de una simple foto antigua. También disfruté con esa especie de suicidio naíf en masa que es Guateque fatal. Y del cuento más largo, Perdido en el supermercado, -cuyo protagonista recibe una reprimenda telefónica del mismísimo Dios- rescato dos momentos estelares:

“Para que lo sepas, tengo muy mala opinión de tu prosa. En general me importa poco la prosa, pero de la tuya tengo una opinión excepcionalmente desfavorable porque está repleta de mentiras y cobardías.” (Pág. 130)
“Hace tiempo que me he dormido y no consigo parar de hablar. Sueño con tonterías, pero hablo de otras tonterías. No hay paz en mis sueños. No hay paz en general. La historia tiene que fluir. Él ha decidido escribir un relato de treinta páginas. […] Tengo que inventar. Todo lo que digo es puramente inventado. Pero los críticos, esas polillas tísicas, encontrarán de todos modos algo para sí. No debería ser tan severo con los críticos. Realmente no debería. Únicamente ellos se tomarán en serio mi tristeza, mi desolación, mi soledad.” (Pág.139)

Tendré que darle otra oportunidad a Basara más adelante, pero de momento me quedo con un producto de nuestra tierra, que también sorprende con textos absurdos, irónicos y desbordantes de imaginación, pero con una pegada mucho más contundente que sí consigue engancharte hasta el final del relato: Javier Tomeo.

Peking by Night, Svetislav Basara
Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
Minúscula, 2012, 178 páginas, 16,50

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Jardiel Poncela en estado puro



 

Con el equívoco subtítulo de Novela para muchachas y para hombres tímidos”,  Jardiel publicó esta pieza de teatro breve poco después de acabar la Guerra Civil y acabó convirtiéndose en el arranque de su exitosa comedia Los ladrones somos gente honrada (1941). Ahora, la editorial Rey Lear -en su colección Breviarios- recupera esta obra de humor como homenaje a Jardiel en el 60 aniversario de su muerte.

Esta trama de ladrones de guante blanco se inicia cuando la banda de Miguel el Melancólico se dispone a dar un golpe en casa de los señores de Arévalo, aprovechando la celebración de una fiesta. Lo que iba a ser un trabajo fácil, minuciosamente planeado, sufrirá un inesperado giro cuando aparece en escena Herminia, una atractiva muchacha que distraerá la atención de Miguel al relatarle su azarosa vida en el mundo del crimen.

A medio camino entre el relato de suspense y la historia de amor, la obra tiene un final sorpresivo y mordaz marca de la casa. En su breve extensión hay espacio de sobra para disfrutar del talento humorístico de Jardiel, desperdigado incluso en las acotaciones del texto; aquí van unas pocas perlas:

“En esa esquina, por las mañanas, pone su tenderete una churrera y vocea su mercancía; y por las noches, en el mismo sitio que la churrera, suelen colocarse dos individuos, con las gorras muy echadas sobre los ojos y atracan a todos los transeúntes descuidados. Es, pues, un rinconcito muy propio a la emoción.” (Pág. 14)
“MIGUEL.- Indudablemente, la mujer es más fuerte que el hombre. Antiguamente se la llamaba el “sexo débil”. Hoy el sexo débil ha hecho gimnasia. Y el hombre siempre ha tenido un punto débil: el talón; acuérdese de Aquiles… Las mujeres, para no tener débil ni ese punto, llevan los talones reforzados.” (Pág. 29)
“HERMINIA.- Curé gracias a los esfuerzos desesperados de un médico del Middle West norteamericano, Jack Stone, que no contento con haberme devuelto a la vida física, normalizó toda mi vida espiritual, casándose conmigo.” (Pág. 39)


En Diez minutos… se reconocen buena parte de las características del estilo de Jardiel: un humor nuevo para su época, ingenioso y fresco (que empleaba tanto en sus novelas como en las obras de teatro), diálogos chocantes -absurdos en ocasiones-, con una escritura fluida, que engancha fácilmente al lector. Estas señas de identidad son compartidas también por sus coetáneos Miguel Mihura y Edgar Neville. Los tres contribuyeron a crear un nuevo tipo de comedia en España, muy alejada del humorismo tradicional, costumbrista, facilón y con esquemas repetitivos. Además, todos ellos plasmaron esta visión de vanguardia escribiendo para numerosas revistas y semanarios de humor de la época, y participando como guionistas en un buen número de películas (Jardiel, y sobre todo Neville, tuvieron además su propia aventura americana, donde colaboraron en producciones de estudios como la Fox o la Metro Goldwin Mayer).


Jardiel en actitud guasona


Quien desee bucear en más textos poco conocidos de Jardiel, puede asomarse a otros títulos publicados por Rey Lear, como Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull (una parodia con el mismísimo Sherlock Holmes de protagonista) o A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin (donde narra sus periplos americanos).

Por último, comentar que esta edición se presenta con todo el mimo que caracteriza los libros de Rey Lear e incluye una atractiva y colorista portada, junto a ilustraciones interiores tomadas de un curioso libro de 1930. Como plus, se puede disfrutar del epílogo escrito por el profesor y crítico Fernando Valls, que repasa los avatares de la obra y cuya cita inicial -de José María Merino y que suscribo- lo dice todo: Si Jardiel Poncela hubiera sido anglosajón, el mundo entero lo veneraría…

Diez minutos antes de la medianoche, Enrique Jardiel Poncela
Epílogo de Fernando Valls
Rey Lear, 2012, 72 páginas, 9,80

martes, 24 de julio de 2012

Escríbeme una ilustración


Últimamente son varias las editoriales independientes que han lanzado colecciones de libros ilustrados. Tanto para el mundo infantil como para el lector adulto, la mezcla entre textos e imágenes potencia el atractivo de las historias que se narran, creando muchas veces mundos tan ricos como los imaginados por el autor.

Como norma general, es el artista gráfico el que interpreta y da forma a los textos del escritor. Pero ¿qué ocurre cuando es el escritor el que ha de inspirarse en la obra del artista y construir un relato en torno a ella? Este es el interesante punto de partida del proyecto “Escríbeme una ilustración”, gestado a finales de 2010 por la artista madrileña Clara Varela.

Clara decidió que ya era hora de darle la vuelta a la tortilla y puso a trabajar a decenas de escritores y otros artistas a partir de sus imágenes llenas de color, unas veces enigmáticas, otras surrealistas, pero siempre poéticas y evocadoras. El magnífico resultado de estas colaboraciones se presentó en forma de exposición en Coslada el pasado mes de Abril y puede verse (y leerse) en el blog del proyecto.

Tras esta experiencia, la idea de Clara es seguir adelante editando un libro recopilatorio. El proyecto aún está abierto, pues hay ilustraciones que sólo tienen uno o dos relatos asociados (el objetivo es que cada imagen vaya acompañada de tres textos), por lo que desde aquí animo a todos los escritores interesados a aportar su grano de arena. Yo lo acabo de hacer con este microrrelato:
 



El día en que todo cambió
 
No recuerdo el instante en que me desmayé. Sólo imágenes confusas: el crujido metálico de las ruedas al girar, un fluorescente que chisporroteaba con tesón, mi lucha inútil por incorporarme. A lo lejos, un murmullo de voces insistía en que no había tiempo que perder.

Ni el olor aséptico y penetrante del quirófano logró despertarme. Mis exiguas fuerzas me habían abandonado definitivamente. Ya no sentía nada. Y así, ingrávida, ligera como una pluma, comencé a volar. Mi cuerpo, o más bien el cuerpo de la niña pelirroja que fui, rellenaba la barquilla de un globo. Agarrada al cesto de mimbre con unas manos enormes, subía y subía sobre la llanura de mis juegos infantiles. Hacía frío allí arriba. Por fortuna, mi subconsciente suele ser precavido y llevaba puesto el suéter de lana violeta que la abuela tejió para mi cumpleaños. ¡Cuánto la echaba de menos!

Mi sueño continuó inundado de azules, de alegrías perdidas, de nostalgia por unos padres siempre ausentes, pero también era un viaje lleno de esperanza hacia todas las emociones que con suerte aún me quedaban por vivir. Cuando empezaba a descender, una bandada de golondrinas me sobrepasó a toda prisa. Su estela olía a pinar y a hogaza recién horneada. Estiré el cuello todo lo que pude para hacer durar más esa sensación. En aquel momento de euforia, me sentía capaz de lograrlo todo y decidí que debía regresar.

De repente, el turquesa del cielo se transformó en un verde intenso de batas y mascarillas, y sentí como si cientos de agujas recorrieran todo mi cuerpo adormecido. Poco después, las manos enormes del globo sostenían una nueva vida en la sala de partos. Al ver a la pequeña Laura sana y salva en mi regazo, supe que aquel día habían nacido un par de luchadoras que iban a dar mucha guerra en este mundo.


Web de la ilustradora: http://www.claravarela.com

viernes, 29 de junio de 2012

La Guerra Civil, una contienda cruel y evitable




No hay ningún episodio en la historia española de los últimos siglos que haya generado tantos ríos de tinta como la Guerra Civil. Son innumerables los ensayos, relatos y novelas donde es la protagonista principal, por no hablar de los cientos de documentales y películas en torno a ella o que reflejan la vida en la España de los años de posguerra.

Sin embargo, con frecuencia este episodio cruel se presenta lleno de sesudas reflexiones, ideas preconcebidas -y en ocasiones, falsas-, lugares comunes, idealizaciones y dogmas inmutables que dificultan bastante la extracción de una idea clara y simple del verdadero origen de la contienda, tanto para los propios españoles como para el resto del mundo.

Por ello es aún más sorprendente este trabajo del filósofo Julián Marías (1914-2005), escrito en 1980 y que ahora reedita Fórcola en su colección Singladuras. Se trata de un breve ensayo de una prodigiosa claridad, en el que Marías –testigo de primera mano desde el Ejército republicano- va desgranando las razones que llevaron al pueblo español hacia una división irreconciliable. El texto nace al inicio del periodo democrático para advertir del peligro de la falsificación de la historia y para evitar en lo posible el olvido de los errores del pasado, cuyo desconocimiento siempre nos expone a repetirlos.

 “Entre 1936 y 1939 los españoles se dedicaron a hacer la guerra, a intentar ganar la guerra; desde esta última fecha malversaron lo que habían conseguido, no supieron edificar adecuadamente la paz. Esta es nuestra empresa: darnos cuenta de que necesitamos vencer a la guerra, curarnos, sin recaída posible, de esa locura biográfica, es decir, social, que nos acometió hace algo más de cuarenta años, cuya amenaza ha sido tan hábilmente aprovechada para paralizarnos, para frenar el ejercicio de nuestra libertad histórica, la plena posesión de nuestro tiempo, la busca y aceptación de nuestro destino.”

Si cualquier guerra representa un fracaso, aún lo es más si enfrenta a compatriotas. Para el autor, este descalabro podría haberse evitado si se hubieran atendido las señales evidentes en los años inmediatamente anteriores y se hubiera actuado en consecuencia. Marías señala como el primer germen el episodio de la quema de conventos en 1931, que originó en una parte de la población un sentimiento opuesto a la República, empezando a crear dos bandos contrarios e incompatibles. Las posteriores medidas de reducción del Ejército de Azaña fueron también muy impopulares entre los militares, que aprovecharon su posición al comienzo de la guerra para ajustar cuentas.

Además, en España se vivía un clima de progresivo desencanto, de decepción hacia los grupos políticos, al que se unieron los efectos en Europa de la depresión norteamericana de 1929, que originó una crisis económica galopante (algo inquietantemente familiar en nuestros días). A este malestar social hay que añadir en parte de la población, según Marías, un horror ante la pérdida de la imagen habitual de España: una ruptura de la unidad (regionalismos, nacionalismos y separatismos) y la pérdida de la condición de país católico.

Como acelerante de este caldo de cultivo, aparecieron por mimetismo de movimientos políticos extranjeros los estímulos totalitarios: el comunismo y el fascismo, lo que contribuyó a radicalizar aún más las posturas. Y finalmente, Marías propone un sorprendente factor adicional: la pereza, para ponerse en el lugar del otro, para pensar y para buscar soluciones efectivas a los problemas.

Sin embargo, lo que iba a ser un rápido golpe de Estado militar para cambiar la situación desembocó finalmente en la guerra, los asesinatos políticos y las vejaciones en ambos bandos, que se tradujo en un inevitable envilecimiento. La posterior intervención internacional en el desarrollo de la lucha actuó de forma decisiva en el desenlace de la guerra.


Julián Marías rodeado de bibliografía
 

El autor analiza así mismo tanto el desarrollo de la contienda como los crudos años posteriores, en los que la clara división entre vencedores y vencidos condujo a la perpetuación del espíritu de guerra durante decenios. Como conclusión del ensayo, Marías nos anima a recordar la guerra, pero como un episodio pasado, superado, para ponerla detrás de nosotros, para vencerla y evitar recaídas.

Este clarificador ensayo se completa con un prólogo muy atractivo del historiador vasco Juan Pablo Fusi, que analiza la figura de Marías y ofrece un breve resumen de los acontecimientos principales de la guerra, a fin de refrescar conocimientos para que el lector tenga un punto de partida nítido. Además, el volumen se ilustra con múltiples fotografías de la época, tanto de las campañas militares como de las labores de retaguardia y de la vida “corriente” de las ciudades, que permiten una inmersión todavía más exacta en este periodo. Como explica el editor Javier Jiménez en el emotivo epílogo, tanto él como Daniel Marías (nieto del autor y colaborador en la edición del libro) valoraron el interés que tenía incluirlas y dedicaron varios días a rescatarlas de entre los fondos de varios archivos españoles. Mi enhorabuena desde aquí por el resultado final.

La Guerra Civil ¿Cómo pudo ocurrir?, Julián Marías
Prólogo de Juan Pablo Fusi
Fórcola, 2012, 88 páginas, 10,50

miércoles, 30 de mayo de 2012

Biblioteca Favela: libros como armas




Desde que Arquímedes enunció su famosa frase “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, han aparecido muchas personas en la Historia dispuestas a nadar a contracorriente para enfrentarse a realidades que parecían inmutables con soluciones nuevas y simples. La vida de una de ellas se puede leer ahora narrada en primera persona en Biblioteca Favela, el volumen que inaugura la colección Cuatro Mil Millas del interesante proyecto literario hispano-brasileiro Ediciones Ambulantes.

Su protagonista, el carioca Otávio Júnior, nació en 1983 en el morro del Caracol, dentro del Complejo de favelas de Alemão, un asentamiento del norte de Río de Janeiro formado por ciento cuarenta mil personas, hasta hace poco uno de los rincones más violentos de la ciudad. Con estos antecedentes, Otávio era un firme candidato para entrar en el mundo del narcotráfico, pasando a convertirse en un sicario más del barrio. Sin embargo, por fortuna la literatura se cruzó en su camino y ese horizonte al que parecía predestinado cambió.

Con ocho años, encontró su primer libro de cuentos entre la basura de uno de los vertederos cercanos. Maravillado por la lectura, comenzó a pedir libros prestados a sus vecinos. En poco tiempo, y gracias a la buena voluntad de la gente, consiguió desde cómics y libros de los años 60 hasta una biblia mormona o el manual de funcionamiento del Volkswagen Passat de 1980 (!). Esta nueva pasión la alternaba con su gran afición por el fútbol (como buen brasileño), donde enseguida empezó a destacar como portero.

Un buen día, Otávio tuvo que elegir entre sus dos vocaciones, y ganaron los libros. Como paso natural, de la lectura pasó a la escritura de cuentos y a los 16 años organizó ya sus primeros espectáculos teatrales de barrio para atraer a los chavales hacia ese mundo de fantasía, tan lejano de la violencia de las calles, y ganar algo de dinero para ayudar en casa. Su tremenda inquietud por aprender le llevó a formarse mediante becas en diversas escuelas de arte de Río, así como a editar su primer libro, patrocinado por una imprenta que creyó en ese chico tan ilusionado que no encontraba editorial.


Otávio Júnior posa orgulloso, rodeado de libros, en su lugar de trabajo


En 2006 Otávio sintió la necesidad de hacer algo más por su comunidad. Fue entonces cuando nació su proyecto estrella: Ler é 10 – Leia favela. Se propuso enseñarles a los chicos de la favela un mundo que no conocían. Quería mostrarles que existía algo más provechoso que ese ambiente de delincuencia en donde se movían a diario: crimen organizado, drogas, armas y violencia doméstica. La única visión exterior del mundo que les llegaba era a través de la televisión, que les ofrecía un universo lejano de glamour, dinero y ropas de marca al que podían llegar por el camino fácil de las bandas.

Decidió organizar sesiones de cuentacuentos en colegios y “meriendas literarias” como vías para motivar a los chavales. Su esfuerzo pronto tuvo eco y comenzó a recibir apoyo de ONGs, empresas y particulares, que colaboraban con donaciones de libros y patrocinios. El proyecto que partió de la ilusión de un solo joven decidido y tenaz es hoy una flamante realidad: una biblioteca en su favela con más de 6.000 libros, muchos de los cuales son itinerantes y van pasando por otras favelas, para ampliar el radio de acción cultural. Otávio -el Librero de Alemão- ha conseguido el reconocimiento en su país y, desde las acciones armadas del Gobierno brasileño contra el narcotráfico en 2007 y 2010, disfruta -lleno de futuros proyectos- de un Complejo de Alemão “pacificado”, con mucha menos droga y violencia que antes.

Su historia es la prueba de que por encima de las distintas acciones de los gobiernos de turno sobre las zonas más pobres y marginadas de las grandes ciudades, los ejemplos individuales son los que pueden marcar la diferencia. En este sentido, otro botón de muestra es la obra que lleva a cabo Carlinhos Brown en su barrio de Candeal, en Salvador de Bahía, retratado en imágenes por Fernando Trueba (El Milagro de Candeal, 2004). Allí ha sido el poder de la música el que ha desplazado a la violencia. Para ambos, así como para tantas otras iniciativas anónimas, parabéns desde esta bitácora.

Para más información in situ: http://leredezleiafavela.blogspot.com

Biblioteca Favela, Otávio Júnior
Traducción de Víctor David López y Aline Pereira
Ediciones Ambulantes, 2012, 96 páginas, 9,50

jueves, 17 de mayo de 2012

La península: el simbolismo bretón




La península apareció publicada por primera vez en 1970 como parte del volumen homónimo de Éditions José Corti, que recogía junto a esta novela corta otros dos textos: La route (un relato de apenas 20 páginas, que en realidad era un fragmento de una novela que Gracq nunca llegó a acabar) y El rey Cophetua (una historia ambientada en la Primera Guerra mundial, que también ha editado recientemente Nocturna en su colección Noches Blancas).

El argumento de La península es extremadamente sencillo. Simon espera en la estación de Brévenay la llegada de su amante en el tren del mediodía, aunque ella ya le ha advertido por carta de que es poco probable que pueda tomarlo. En efecto, el tren de las 12.53 se detiene puntual, pero la joven Irmgard no está entre los pasajeros. El siguiente tren hará su entrada siete horas más tarde, así que Simon decide aprovechar ese tiempo recorriendo en coche la costa bretona.

Su periplo por la península de Guérande será en realidad el protagonista absoluto del relato. Compartiremos con Simon los recuerdos de infancia, tan ligada a este paisaje bañado por el Loira y el Atlántico, y sus recorridos morosos a pie y en coche por cada uno de los pueblos que separan Brévenay de Kergrit, la villa costera donde Simon decide finalmente tomar una habitación a la que llevar a Irmgard por la noche.


Le Marais de Brière (Le Marais Gât en la novela) 


Estos escasos cincuenta kilómetros nos servirán para conocer en profundidad los bosques sombríos, el mar, las playas donde se refugian los últimos bañistas de la temporada estival, el aislamiento de los pescadores: una pura alegoría de los deseos y los temores de Simon, que se irán agolpando conforme avance la narración. Se trata de un texto sobre la espera, de cómo un reencuentro largamente anhelado puede transformarse en un instante temido, con referencias explícitas a la leyenda celta de Tristán e Isolda. Lo importante no es la acción, sino la manera de contar. Así, el autor francés -para dotar de mayor irrealidad al conjunto- se permite cambiar los nombres reales de cada población por equivalentes ficticios.

“Ni siquiera dejaba que cobrasen cuerpo en su mente imágenes de lo que estaba por pasar, únicamente las sentía hormiguear dentro de él a todas ellas; pegajosas, encoladas, protegidas aún como por un tegumento voluptuoso, husmeando el aire que va a desfruncirlas una a una, él era como una planta que va a florecer: al borde de la delicuescencia. Pensó por un instante que era profundamente feliz, es decir, que sentía que iba a dejar de serlo.”

Hay que destacar que a pesar de la brevedad de la novela, lo ideal es degustarla a pequeños sorbos. Julien Gracq (1910-2007) tenía un estilo narrativo especial, que incluía el uso de frases infinitas y una gran riqueza en el vocabulario. Para comprobarlo, basta con echar un vistazo al inicio de la obra, donde Gracq describe la estación y sus alrededores a lo largo de dieciocho líneas, empleando para ello ¡sólo dos frases!, un ejercicio de virtuosismo en el arte de hilvanar palabras al alcance de bien pocos escritores de hoy en día.

Sin embargo, esta elegante manera de escribir no resulta engolada ni pretenciosa, ya que en el texto no hay adjetivos superfluos; todas las palabras importan y tienen su peso a la hora de acompañar a Simon tanto en la mera descripción del paisaje y sus gentes como en su creciente temor a que la realidad a cada paso no sea tan plena como las situaciones imaginadas. También es de justicia resaltar la destreza del traductor para encontrar la palabra justa en cada momento. Para ahondar en la opinión que el francés tenía acerca de la literatura y todo lo que la rodea (premios, críticos y cierto tipo de autores), recomiendo leer su vitriólico ensayo La literatura como bluff –editado aquí en 2009 por Nortesur- en el que refleja su idea del buen gusto literario.


Un joven Gracq asediado por los periodistas tras rechazar el Goncourt (1951)


En definitiva, estamos ante un relato muy interesante, a la vez onírico y palpable, con un final abierto que explota la ambigüedad entre miedo y deseo de la que hace gala Simon a lo largo de buena parte de la novela y que nos hace reflexionar aún más allá tras cerrar el libro.

“La noche se anunciaba tan pareja, tan recogida, tan plácida que se hubiera dicho que excluía con toda su plenitud el tremendo redoble, tan cercano ya, que iba a interrumpir aquella calma: la llegada de Irmgard.”

La península, Julien Gracq
Traducción de Julià de Jodàr
Nocturna, 2011, 125 páginas, 14

miércoles, 2 de mayo de 2012

La esposa diminuta: Manual para náufragos existenciales




¿Alguien ha oído hablar del realismo mágico canadiense? ¿Puede que tenga su origen en Ontario? Me explicaré. Imaginen a un hombre normal -si descontamos su llamativo sombrero morado- que entra en una sucursal bancaria del centro de Toronto. De repente, revólver en mano, dispara al techo y exige a los presentes que le entreguen el objeto con mayor valor sentimental para cada uno de ellos (no quiere dinero, mal empezamos). Una vez satisfechas las exigencias del misterioso ladrón, todos los clientes salen aparentemente indemnes de este inusual atraco. Sin embargo, no tardarán en sufrir las consecuencias: maridos que se tornan muñecos de nieve, tatuajes que cobran vida y persiguen a su propietaria, esposas que resultan ser extrañamente dulces o pobres diablos a la caza de sus corazones, aún palpitantes, a través del tráfico.

Y además tenemos a Stacey Hinterland, que se percata de que está menguando día a día. En este microcosmos kafkiano cabe esperar cualquier situación y los giros más sorprendentes, y la verdad es que la imaginación desbordante de Andrew Kaufman no decepciona. Con una prosa envolvente y precisa, nos sumerge con facilidad en la angustia vital de cada una de las criaturas que desfilan por la obra. Los esfuerzos individuales por salir de esta pesadilla originarán a lo largo de la novela diversos encontronazos entre las víctimas del atracador. Cada una de ellas se verá obligada a replantearse la realidad, a tomar decisiones y a apechugar con las consecuencias de sus actos, ya sea para bien o para mal.

En realidad, este relato es una fábula sobre cómo la vida cotidiana hace que a veces perdamos el norte, nos dejemos arrastrar por los acontecimientos y no reaccionemos hasta descubrir que en realidad lo más importante, lo que nos hace verdaderamente especiales, es el amor que nos ofrecen los demás.

Volviendo a mi pregunta inicial, no, la verdad es que el realismo mágico no ha rebrotado en Canadá. Simplemente asistimos al uso de la magia por parte de Kaufman como metáfora de muchas relaciones de pareja, de la soledad o de la angustia vital (a destacar que parte del botín del hombre del sombrero morado sea una copia manoseada de El extranjero de Camus). Así pues, cada situación surrealista no es más que una suerte de subconsciente ansioso luchando a tiempo completo por salvar vidas o empezar de cero.




En cuanto a las ilustraciones, obra de Tom Percival, tanto su aparente sencillez (todas son siluetas en blanco y negro) como su dinamismo resultan ser el contrapunto perfecto para la narración. Para los curiosos, no está de más dejarse caer por la web del artista (http://tom-percival.com/) para ver toda la fuerza de sus otros trabajos y una muestra de la primera idea que había pensado para ilustrar -a todo color- las aventuras de esta mujer menguante.


Kaufman fotografiado por Lee Towndrow 


Andrew Kaufman (Wingham, Canadá), además de escritor, es director y productor de radio; actualmente trabaja como productor en la CBC Radio de Toronto. Entre sus obras destacan Todos mis amigos son superhéroes (2003), traducida a varios idiomas, y La Biblia impermeable (2009). La esposa diminuta (2010) es un buen ejemplo de su peculiar inventiva, aderezada siempre con un fino, mordaz, y a veces macabro, sentido del humor. Para los que busquen una historia nada convencional que les evada por un momento de la cruda realidad cotidiana, este es el relato ideal. Además, recomiendo un paseo por la atípica página web del autor (http://www.severalmomentslater.com/), un prodigio de minimalismo, fotos retro y detalles curiosos.

Por último, en esta ocasión no voy a incluir citas del libro para ilustrar la reseña, sino el tráiler de promoción, muy atractivo, en el que la animación habla por sí sola:




La esposa diminuta, Andrew Kaufman
Traducción de Leticia García Guerrero
Ilustraciones de Tom Percival
Capitán Swing, 2012, 104 páginas, 16,50