jueves, 13 de febrero de 2014

La mujer que disparó a Mussolini



 


Es curiosa la cantidad de personas que permanecen hoy día anónimas para el común de los mortales y que, sin embargo, en el pasado estuvieron a punto de cambiar el curso de la Historia. Un claro ejemplo es la irlandesa Violet Gibson, que casi acaba con la vida del Duce en 1926. Pistola en mano, solo pudo efectuar un disparo a quemarropa -que rozó la nariz de Mussolini- ya que el arma se le encasquilló. Paradójicamente, el hecho de salir ileso provocó en Italia una oleada de apoyo popular al dictador.

Capitán Swing acaba de recuperar este suceso de la mano de la periodista e historiadora británica Frances Stonor Saunders. A continuación, la nota de prensa de la editorial:

A las once de la mañana del 7 de abril de 1926, una mujer salió de la multitud en la Plaza del Campidoglio de Roma. A menos de un paso delante de ella, se detenía Benito Mussolini. Al levantar el brazo para hacer el saludo fascista, la mujer levantó la suya y le disparó a quemarropa. Mussolini escapó ileso por muy poco, la bala apenas le había rozado. Animado por todo el mundo, pudo continuar la marcha fascista. Esta es la asombrosa historia jamás contada de Violet Gibson, la mujer que trató de detener el ascenso del fascismo y cambiar el curso de la historia. Violet fue arrestada, etiquetada como “solterona irlandesa con problemas mentales”, y enviada a un asilo mental inglés donde murió en 1956.

Esta elegante obra de reconstrucción biográfica, a través de una narrativa llena de suspense, conspiración y diplomacia, recupera la notable figura de Gibson de los registros históricos perdidos. Desde su aristocrática juventud en la élite de Dublín, entre bailes de debutantes y presentaciones en la corte, hasta su compromiso con las ideas fundamentales de la época, como el pacifismo, el misticismo o el socialismo. Pero sobre todo, analiza su menospreciado papel en el desarrollo del fascismo y el culto a Mussolini, en una peligrosa y novedosa época en la que todo parecía posible.


Las secuelas del atentado


Frances Stonor Saunders (1966), periodista e historiadora inglesa, es colaboradora habitual en medios como The Guardian, New Statesman o Areté, siendo especialmente conocida por su trabajo en documentales para la BBC. Comenzó su andadura como realizadora de documentales para la televisión inglesa. Su primer libro de ensayo, La CIA y la guerra fría cultural, fue desarrollado a partir de su anterior trabajo documental Hidden Hands: una Historia Diferente del Modernismo (Channel 4, 1995), y ha sido traducido a más de diez idiomas, resultando ganador del premio Royal Historical Society’s Gladstone Memorial.

Muchas de sus obras reflejan su formación académica como medievalista. Su segundo libro, El Broker del diablo, narra la vida y carrera de John Hawkwood, un condottiero del siglo XIV de origen inglés que hizo una notable carrera en la política de poder del Papado. En 2005, tras algunos años como editora de arte y editora asociada de New Statesman, renunció a su cargo en protesta por el despido de Peter Wilby, el entonces editor. En 2004 y 2005, presentó en Radio 3 Reuniones de Mentes, dos series de tres partes cada una, sobre las reuniones de intelectuales en diversos puntos importantes de la historia. También es colaboradora habitual de Nightwaves y otros varios programas radiofónicos.

La mujer que disparó a Mussolini, Frances Stonor Saunders
Traducción de José Manuel Méndez
Capitán Swing, 2014, 440 páginas, 21

jueves, 30 de enero de 2014

Carambolas editoriales



Que una novela extranjera aparezca editada en español con traducciones diferentes no tiene nada de particular, sobre todo si está escrita por un autor de prestigio y la fecha de publicación del original se remonta a varias décadas atrás. Ahora bien, si esa novela aparece editada en el mismo país por dos sellos independientes diferentes casi en el mismo mes, eso ya es una carambola excepcional.

Y como para muestra, un botón, eso es justamente lo que acaba de suceder en España con la primera novela del norteamericano John Dos Passos: One man´s initiation: 1917, publicada en 1920. Se trata de un relato autobiográfico sobre sus vivencias como conductor de ambulancias en el frente franco-alemán durante la Primera Guerra Mundial. Como este 2014 se cumple el centenario de la Gran Guerra, las editoriales Gallo Nero y Errata Naturae pensaron poner su granito de arena en la nutrida representación de libros sobre el acontecimiento –que ya inundan las librerías–. ¡El problema es que, por desgracia,  las dos pensaron en el mismo título!

Mientras que la primera ha optado por reeditar la traducción que apareció publicada en 1971 por Salvat, la segunda le ha dado un lavado de cara con una nueva versión. Para ser lo más ecuánime posible y que podáis comparar de forma objetiva, os dejo a continuación las notas de prensa de cada editorial junto a un fragmento del Capítulo I de cada versión. ¡A disfrutarlo, que esto no se ve todos los días!


Iniciación de un hombre: 1917, John Dos Passos
Traducción de Camila Batlles
Fecha de publicación: 29 de enero de 2014
Gallo Nero, 2014, 152 páginas, 16

Iniciación de un hombre: 1917 es el exordio literario de John Dos Passos. Publicado en 1920, cayó en el olvido hasta la consagración del escritor estadounidense, casi veinte años más tarde.
Dos Passos escribe este relato autobiográfico sobre la masacre y la destrucción de la guerra de trincheras, experiencia vivida como conductor de ambulancias en el frente franco-alemán hacia donde se alistó como voluntario en 1917.
Iniciación de un hombre: 1917 es un impresionante mosaico de crudas instantáneas de guerra. Un libro que funde la narración biográfica y de formación con la crónica de los convulsos años de la Gran Guerra.
En la obra resuena vívido y dramático el relato del desencanto y de la desilusión de aquella generación entregada a la barbarie de la guerra. Personas que solo encontraron la salvación en la fe en el hombre y la compasión.




«En el enorme cobertizo del muelle, atestado de cestos y maletas e interceptado por pasamanos que conducen hasta los buques que hay a ambos costados, una banda de música está interpretando una chillona melodía hawaiana; las gentes danzan por entre las pilas de cajas y baúles. Hay gran abundancia de uniformes color caqui y numerosos jóvenes están agrupados riendo y charlando en voces exaltadas por la emoción. A la luz pardusca del muelle, repleto de hileras de cajas amarillas, barriles y sacos, invadido por el barullo de las grúas, entre las que serpentea la alegre y trivial tonada hawaiana, se ve gran profusión de vestidos alegres, sombreros femeninos de brillante colorido y pañuelos blancos.
El eco retumbante del silbido del buque ahoga todos los demás sonidos.
Cuando este se apaga, el alboroto de las despedidas se eleva agudamente. Los pañuelos blancos se agitan a la luz pardusca del cobertizo. Los cabos rechinan en las poleas mientras se izan los pasamanos.
De nuevo en el embarcadero se produce un revuelo de pañuelos blancos, vítores y trajes alegres. Sobre la construcción del muelle se despliega una bandera triunfante contra el firmamento celeste de la tarde.
Los edificios de Nueva York, amarillo rosáceos y púrpura amarillentos, se elevan en una pirámide sobre manchas oscuras de humo flotando encima del agua, que se une a tierra por medio de las negruzcas curvas de los puentes.
De vez en cuando llega una ráfaga salada del mar en la fresca brisa del puerto.
Martin Howe está de pie en la popa que se mece con el vibrante impulso de la hélice.
Un chico que se encuentra junto a él se vuelve y le pregunta con voz temblorosa:
—¿Es tu primera travesía?
—Sí... ¿También la tuya?
—Sí... jamás me vino la idea de que a los diecinueve años estaría atravesando el Atlántico para ir a una guerra en Francia.
El muchacho se detuvo bruscamente y se sonrojó; luego, tragando saliva, añadió:
—Debe de ser la hora del almuerzo.

¡Dios ampare al káiser Bill!
El vie-e-ejo Tío Sam
tiene la caballería,
tiene la infantería,
tiene la artillería;
¡Y así, voto a Dios, iremos todos a Alemania!
¡Dios ampare al káiser Bill!»
 

La iniciación de un hombre: 1917, John Dos Passos
Traducción de Elena Sánchez Zwickel
Fecha de publicación: 10 de febrero de 2014
Errata Naturae, 2014, 168 páginas, 12,50

Cien años después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, recuperamos para los lectores en español la primera novela de John Dos Passos, basada en su experiencia como conductor de ambulancias en el frente francés.
Martin Howe, un joven estadounidense, se ofrece voluntario en el servicio médico durante la Primera Guerra Mundial. Zarpa el barco en el que viaja a Francia y el ambiente a su alrededor es festivo: hay música y risas, se habla entre carcajadas de las mujeres francesas y de la vieja Europa… Pero muy pronto, tras esas notas de expectación y alegría, Martin vivirá su aprendizaje del miedo y los desastres de la guerra.
En esta imprescindible novela, en medio de heridos y muertos, hay espacio también para la camaradería, para el deseo de cambio y transformación de la sociedad, para el encuentro solidario, más allá del mundo de las trincheras inhóspitas, entre soldados y civiles. Dos Passos consigue reproducir un mundo hecho de cascotes y cristales rotos, fragmentario y apocalíptico, a través de secuencias y de viñetas, de escenas y pulsiones que se superponen siguiendo una técnica de montaje que más tarde lo haría famoso con Manhattan Transfer, y que logra dar cuenta de un modo ejemplar de la brutal realidad de una guerra.
Muy pronto se dará cuenta el lector de que el interés de esta novela es tan literario como histórico: ficción y documento se prestan sus mejores herramientas para narrar la verdad general y las verdades particulares. El autor, con un tono que pasa del lirismo a la polémica continuamente, lleva a cabo una condena de la guerra que se encuentra entre las más intensas jamás escritas, alineándose con otras obras maestras como El filo de la navaja, de Somerset Maugham, o Adiós a las armas, de Ernest Hemingway.




«En el enorme cobertizo del muelle, atestado de cestos y maletas, dividido por pasarelas de madera que conducen hasta los buques que hay a ambos lados, una banda de música interpreta una chillona melodía hawaiana; la gente baila entre las pilas de cajas y baúles. Diseminados entre el gentío se ven uniformes color caqui, y numerosos jóvenes ríen y charlan en grupo con voces exaltadas por la emoción. A la luz pardusca del muelle, repleto de hileras de cajas amarillas, barriles y sacos, invadido por el barullo de las grúas, entre las que serpentea la sencilla melodía hawaiana, hay una gran profusión de vestidos alegres, sombreros femeninos de brillante colorido y pañuelos blancos.
La estruendosa reverberación de la sirena del buque ahoga cualquier otro sonido.
Cuando se acaba, el alboroto de las despedidas se eleva, chillón. Los pañuelos blancos se agitan a la luz pardusca del cobertizo. Las amarras rechinan en las poleas cuando se izan las pasarelas.
En el embarcadero, nuevo revoloteo de pañuelos blancos, vítores y trajes alegres. En el edificio del muelle se despliega exultante una bandera contra el azul del cielo de la tarde.
Amarillo-rosáceos y púrpura-amarillentos, los edificios de Nueva York se aglutinan formando una pirámide que se eleva por encima de oscuras manchas de humo que flotan en el agua, unida a tierra por medio de las negruzcas curvas de los puentes.
Con la fresca brisa del puerto de vez en cuando llega una ráfaga salada del mar.
Martin Howe está de pie en la popa, que tiembla con el vibrante impulso de la hélice. Un chico que se encuentra junto a él se gira y le pregunta con voz trémula:
—¿Es tu primera travesía a Europa?
—Sí… ¿También la tuya?
—Sí… Jamás se me ocurrió pensar que a los diecinueve años estaría cruzando el Atlántico para ir a una guerra en Francia. —El muchacho se detiene bruscamente y se sonroja; luego, tragando saliva, añade—: Debe de ser la hora del almuerzo.

¡Dios ampare al káiser Bill!
El vie-e-ejo Tío Sam
tiene la caballería,
tiene la infantería,
tiene la artillería;
¡Y así, voto a Dios, iremos todos a Alemania!
¡Dios ampare al káiser Bill!»

viernes, 24 de enero de 2014

La abadesa de Crewe






Tras la muerte de la superiora Hildegarde, la abadía inglesa de Crewe se ha quedado descabezada. Lo que en principio podía suponerse una elección tranquila entre las hermanas de una nueva abadesa, desembocará en una lucha feroz por el poder entre dos mujeres. Alexandra, la subpriora, fuerte, manipuladora y firme defensora de que el fin siempre justifica los medios, se enfrentará abiertamente a Felicity, una monja carismática con ideas atrevidas, fanática de la costura y con novio jesuita.

Alexandra se verá apoyada en sus propósitos por dos colaboradoras incondicionales: la hermana Walburga, priora, y la hermana Mildred, maestra de novicias, así como por un sofisticado sistema de escuchas que recorre todos los recovecos del convento para proporcionarle puntual información de todo lo que ocurre en él. Cuando las apuestas otorguen ya solo una ligera ventaja a Alexandra sobre Felicity, la subpriora empleará todas sus armas para desacreditar a la joven monja ante sus seguidoras. Alimentado por una falta de escrúpulos evidente y por una manipulación continua de los pensamientos de las hermanas, el complot urdido tan cuidadosamente tendrá consecuencias inesperadas para la comunidad y la tranquila abadía de Crewe saltará a las portadas de los periódicos y será tema recurrente en radios y televisiones de todo el país, para terminar alcanzando al propio Vaticano.

Toda esta truculenta historia, pasada por el tamiz satírico de Muriel Spark, se convierte en una crítica vitriólica al poder en general, a lo que cada uno está dispuesto a hacer por satisfacer sus ambiciones personales y a la enorme hipocresía reinante en todos los ámbitos de la sociedad, por muy puritanos que parezcan. Hay en esta novela un buen número de símbolos que ilustran esta doble moral: la reimplantación de la estricta regla de San Benito en Crewe –cuando ni siquiera el Concilio Vaticano la recomienda ya–, las diferentes “castas” en que se dividen las monjas del convento, la apertura sexual que pregonan (y practican abiertamente) ciertas monjas o la voracidad de los medios de comunicación, que no dudan en emplear los métodos más peregrinos a fin de obtener un buen titular, son algunos ejemplos.


Muriel Spark al acecho


Con personajes secundarios tan notables como la hermana misionera Gertrude, que tan pronto está mediando entre tribus caníbales y sectas vegetarianas como subida a un avión camino del Himalaya, o la pánfila hermana Winifrede («cerebro en el que nunca raya el alba»), que acabará en manos de Scotland Yard, la diversión está asegurada. Además, la Spark siempre tuvo una inmensa capacidad para sorprender al lector y no dejarlo indiferente, y este texto es una muestra más de su talento narrativo.

            «–Gertrude, este convento es un semillero de corrupción y de hipocresía. Quiero cambiarlo todo, y hay muchas monjas que están de acuerdo conmigo. Queremos liberarnos, queremos hacer justicia.
            –Hermana, tranquila, sea sobria. La justicia hay que hacerla sin dar a entender que se hace. Es siempre una empresa fatal. Conducirá a la ruina a toda la comunidad.
            –¡Oh!, Gertrude, nosotras creemos en el amor con libertad y en la libertad con amor.
            –Eso puede arreglarse –dice Gertrude.
            –Pero ahora hay un hombre en mi vida, Gertrude. ¿Qué puede hacer una pobre monja con un hombre?
            –Invariablemente a un hombre hay que alimentarle por los dos extremos. Hermana, tendrá que aprender a cocinar y a lo otro».

Sin embargo, habiendo leído y disfrutado otro título de la autora, Las señoritas de escasos medios (Impedimenta, 2011), el relato de la abadía de Crewe no me ha parecido tan redondo. A pesar de que abunda la ironía y la crítica despiadada marca de la casa en ambas novelas, en esta última hay elementos, como los abundantes pasajes bíblicos que son leídos en el refectorio o las no menos profusas citas de poetas metafísicos ingleses (el punto débil de Alexandra), que distraen de la trama y llegan a hacerse un poco pesados. Así mismo, los saltos temporales para enlazar las escenas antes y después de la elección de la nueva abadesa generan algo de confusión.

Pero a pesar de eso, y en buena parte por la notable traducción de Pepa Linares, esta novela corta es altamente recomendable. Hay que recordar que se publicó en 1974 y que se puede leer como una parodia ácida del caso Watergate, que estalló dos años antes y obligó a dimitir al presidente Nixon. Si las repercusiones de esta bomba política fueron enormes, la idea de situar la trama en un convento, con todo lo que allí ocurre, lleva el estupor de los lectores a otra dimensión.

«–Los estadounidenses lo han captado muy bien –añade Walburga–. Parece que les divierte y, desde luego, los escandaliza la maledicencia omnipresente en este país.
–Me atrevo a decir que en esta hora triste ha llegado para Inglaterra la decadencia. ¡Toda esa polvareda pública, que no ha hecho más que aumentar de mes en mes, por un dedal de plata! Jamás habría estallado en Estados Unidos un escándalo semejante. Allí hay sentido de la medida y se comprende la naturaleza humana; es el secreto de su éxito. Una raza realista, aunque no tenga ni idea de cómo se comen los espárragos».

Finalmente, como curiosidad, recordar que la novela fue llevada al cine en 1977 (Nasty habits) por el norteamericano Michael Lindsay-Hogg, con Glenda Jackson encarnando a la pérfida Alexandra. En este caso, la acción se trasladó a un convento de Philadelphia, aunque se filmó en el Reino Unido; cosas que tienen las coproducciones.


Glenda Jackson como la maquiavélica Alexandra

La abadesa de Crewe, Muriel Spark
Traducción de Pepa Linares
Contraseña, 2012, 116 páginas, 14

viernes, 27 de diciembre de 2013

Nueva colección de narrativa breve



Los amantes de la narrativa breve estamos de enhorabuena. La editorial Elba, especializada en ensayos sobre arte, textos de artistas y crónicas de viajeros de antaño, acaba de lanzar al mercado una nueva colección. Bajo el título de Ficciones, el sello de Clara Pastor va a apostar por colecciones de relatos breves hasta ahora inéditas en español.

Los dos primeros títulos son La soledad de la compasión, de Jean Giono, e Historias de Manhattan, de Louis Auchincloss, y están disponibles desde el 27 de noviembre. Tanto la elección de autores (poco difundidos en España, pero de solvencia narrativa contrastada) como el diseño editorial (portadas elegantes de aire retro, con ilustración en blanco y negro y un solo detalle en color) dejan claro que Elba sigue confiando en un público –que lo hay, señores editores– que busca calidad fuera de las modas del momento.

Dejo a modo de presentación un extracto de la nota de prensa de la editorial para cada libro. Yo pienso empezar degustando los relatos rurales de Giono.




Los veinte relatos de La soledad de la compasión (156 páginas, 18 Eur), probablemente una de las mejores obras de Giono, constituyen un retrato conmovedor y nostálgico de la vida rural en la Provenza. Uno tras otro, el autor trata algunos de los aspectos más íntimos y universales de la experiencia humana: una amistad forjada en las trincheras en plena guerra, el vínculo entre el hombre y la tierra, o el descubrimiento, ya en la vejez, de la fragilidad de la vida y «la soledad de la compasión».

Los personajes de Giono –el cura del pueblo, un pastor solitario, los clientes habituales del café y su propietario, o forasteros aparentemente surgidos de la nada que se desvanecen como aparecieron– son, unas veces, luminosos, sabios y decentes, y otras, toscos e inmorales, pero reflejan siempre un profundo conocimiento del alma humana.

El olor a tierra húmeda, a sangre, el sonido del viento o el particular diálogo entre un hombre y un animal herido, evocan un universo singular y acaso para muchos ya desaparecido en el que aún resuena la melodía, algo triste, de una humanidad entera.

Jean Giono (Manosque, 1895-1970) hijo de un zapatero y una lavandera, nació y vivió toda su vida en la Provenza. Es uno de los escritores más queridos de su generación, aunque su obra queda fuera de las modas y las corrientes literarias, tanto de las de su época como de la actual.

Giono es autor de más de treinta novelas, así como de varios volúmenes de relatos, poesía, obras de teatro y ensayos. Una serie de estos últimos se reunieron en un solo volumen bajo el título Refus d’obéissance (1937). Al inicio de la Segunda Guerra Mundial Giono fue encarcelado por sus opiniones pacifistas e injustamente acusado de colaboracionista al final de la guerra. Giono fue nombrado miembro de la Academia Goncourt en 1954 y miembro del Consejo Literario del Principado de Mónaco en 1963, y salvo algunos viajes a París y aún menos al extranjero, nunca se alejó mucho de la región en la que se sitúan todas sus obras.




Historias de Manhattan (296 páginas, 22 Eur) es un colorido relato del siglo XX neoyorquino y de los círculos más exclusivos, y algo enrarecidos, de la ciudad. Los personajes de Auchincloss, un agudo observador de las paradojas morales entre las que se debate la «buena sociedad», tan pronto ascienden hasta alcanzar el nivel más alto en la escala social, como se desmoronan ante el contratiempo más insignificante. En el camino siempre hay un momento en el que surgen los problemas de conciencia, a menudo con resultados sorprendentes.
 
Desde las lealtades aristocráticas, aún vigentes en los albores del siglo, hasta las intricadas maquinaciones de las modernas operaciones de fusiones y adquisiciones, el mundo adinerado y glamuroso que describen estos diez relatos nos ofrece un retrato brillante de la denominada «gente bien», pero sobre todo muestra, con una elegancia y precisión insuperables, cómo los rasgos irremediablemente humanos de las personas, aunque se cubran de tweed y pieles, siempre acaban por manifestarse.

Louis Auchincloss (Nueva York, 1917-2010) perteneció a la clase privilegiada sobre la que escribe, y fue alumno en las mejores escuelas del país, primero en Groton y luego en la Universidad de Yale. Salvo los años en los que sirvió en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial, compaginó siempre su labor de abogado con la de escritor. Auchincloss está considerado un clásico moderno de la novela y el relato de costumbres, señalado como uno de los grandes por escritores de la talla de Gore Vidal. Autor de cincuenta y siete libros, fue miembro y presidente de la American Academy of Arts and Letters.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Mordiscos literarios / 4






La cita literaria de hoy –una bella metáfora de la lucha individual­– quiero dedicársela con mucho cariño a mi tío, que nos dejó en noviembre. Para ti, dondequiera que estés, libre ya de la crueldad del alzhéimer.


«En un rincón del patio trasero resistía a duras penas un arbolito raquítico, encarcelado en la malla de una cerca metálica que le impedía estirarse. Crecía allí, deformado, contra las tapias sucias de los talleres mecánicos, contra el ruido cacofónico de las sierras radiales. Nadie lo regaba ni se ocupaba de él; ningún pájaro le hizo el favor de posarse en su copa. Alguien, al pasar, había apagado un cigarrillo en su corteza y todavía era visible la quemadura. Era poco más que un palitroque olvidado en un cuadrado de fango. Algunas primaveras, de sus ramas estallaban inopinadamente dos o tres pequeñas flores liláceas, casi mustias, una muda plegaria, su grito afónico, y eso era todo. Florecía para nadie. Pero eso quería decir que el arbolucho, pese a todo, no se resignaba ni se daba por vencido, no se rendía, aún reclamaba su porción de belleza, su lugar bajo el sol, su derecho a la luz y al agua, la dignidad de estirarse por un instante y pronunciar su nombre verde, allí tan solo, antes de morir del todo y desvanecerse de la memoria de las generaciones de este mundo y de los siguientes. Él también quería disfrutar de su minuto de éxtasis.»


Volver a Oz. Eloy Tizón (2013)

viernes, 4 de octubre de 2013

El anuncio de la discordia



Hoy he visto en Internet el anuncio con el que la Academia de la Publicidad homenajea a la RAE por su tercer centenario. El spot tiene su guasa, ya que se ve a una madre echándole la gran bronca a su hijo tras destrozar un bote de mermelada contra el suelo, con el consiguiente estropicio cocineril. El discurso materno no tiene desperdicio: “¡Pero niño, no vas y tiras la fambruesa, estropiciándolo todo! Ende que venga tu padre, lo quiero ver todo esto… floresciente.”

Ante tamaño desastre -me refiero al de la madre-, llega la solución que pondrá paz en el hogar: un rápido vistazo al Diccionario de la Real Academia ilumina el rostro alicaído de la sufrida madre y la bronca se transforma en: “Hijo mío, te encomiendo la tarea de dejar el suelo reluciente antes de que llegue tu padre”

Los creativos juegan con el lema de la RAE (Limpia, fija y da esplendor), convirtiendo el diccionario en un potente detergente verbal. La verdad es que siempre me hizo gracia esta divisa de producto de limpieza de la Academia, y en el anuncio le sacan todo su jugo.

En mi humilde opinión, el anuncio es buenísimo (o bonísimo, para los puristas). En casa, lo ha visto toda la familia (chicos y chicas) y no hemos podido parar de reír. Sin embargo, diversas asociaciones feministas lo han tachado de sexista (¿perdón?) y misógino (¿qué?) por mostrar “un arquetipo casposo de mujer volcada en las tareas domésticas”. Está visto que en este bendito país hay gente que ve fantasmas en cada esquina y que se esfuerza en hacer enrevesado lo más sencillo. El hecho de que la mujer esté en la cocina no quiere decir que se pase el día limpiando la casa, y por el vestido que lleva puesto, bien podría haber llegado de trabajar mientras el padre está en el súper haciendo la compra. Además, el encargado de limpiar el desaguisado va a ser el chico, o sea, el varón. 

La parodia y el reírse de uno mismo -una afición sanísima, por cierto-, está visto que sigue prohibido entre determinados colectivos. Lo curioso es que lo único que consiguen así es dibujar una caricatura de ellos mismos.



 La polémica está servida...

viernes, 27 de septiembre de 2013

Extrañas compañías: McCullers / Adele / Mike & The Mechanics



La entrega de hoy vuelve a tener al amor como protagonista, pero en este caso su lado oscuro, el desequilibrio entre afectos. Para ilustrar la parte literaria no se me ocurre mejor ejemplo que un fragmento de uno de los relatos más conocidos de la sureña Carson McCullers. Cuando leí esta parte, me dio la impresión de que la autora urdió el resto del cuento para expresar en estas pocas frases su propia experiencia –bastante azarosa, por cierto– y lo que duele el desamor y la falta de equilibrio dentro de una relación.




En cuanto a la música, el catálogo de amores perdidos, marchitos o no correspondidos corre a cargo de la británica Adele (un portento de voz) y de Mike & The Mechanics (canción y vídeo estupendos).


“En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante del que estamos hablando no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Se da por ejemplo el caso de un hombre que es ya abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.

Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón: pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor.”

La balada del café triste. Carson McCullers (1951)



Someone like you. Adele (21, 2011)



Another cup of coffee. Mike & The Mechanics (Beggar on a beach of gold, 1995)