viernes, 27 de diciembre de 2013

Nueva colección de narrativa breve



Los amantes de la narrativa breve estamos de enhorabuena. La editorial Elba, especializada en ensayos sobre arte, textos de artistas y crónicas de viajeros de antaño, acaba de lanzar al mercado una nueva colección. Bajo el título de Ficciones, el sello de Clara Pastor va a apostar por colecciones de relatos breves hasta ahora inéditas en español.

Los dos primeros títulos son La soledad de la compasión, de Jean Giono, e Historias de Manhattan, de Louis Auchincloss, y están disponibles desde el 27 de noviembre. Tanto la elección de autores (poco difundidos en España, pero de solvencia narrativa contrastada) como el diseño editorial (portadas elegantes de aire retro, con ilustración en blanco y negro y un solo detalle en color) dejan claro que Elba sigue confiando en un público –que lo hay, señores editores– que busca calidad fuera de las modas del momento.

Dejo a modo de presentación un extracto de la nota de prensa de la editorial para cada libro. Yo pienso empezar degustando los relatos rurales de Giono.




Los veinte relatos de La soledad de la compasión (156 páginas, 18 Eur), probablemente una de las mejores obras de Giono, constituyen un retrato conmovedor y nostálgico de la vida rural en la Provenza. Uno tras otro, el autor trata algunos de los aspectos más íntimos y universales de la experiencia humana: una amistad forjada en las trincheras en plena guerra, el vínculo entre el hombre y la tierra, o el descubrimiento, ya en la vejez, de la fragilidad de la vida y «la soledad de la compasión».

Los personajes de Giono –el cura del pueblo, un pastor solitario, los clientes habituales del café y su propietario, o forasteros aparentemente surgidos de la nada que se desvanecen como aparecieron– son, unas veces, luminosos, sabios y decentes, y otras, toscos e inmorales, pero reflejan siempre un profundo conocimiento del alma humana.

El olor a tierra húmeda, a sangre, el sonido del viento o el particular diálogo entre un hombre y un animal herido, evocan un universo singular y acaso para muchos ya desaparecido en el que aún resuena la melodía, algo triste, de una humanidad entera.

Jean Giono (Manosque, 1895-1970) hijo de un zapatero y una lavandera, nació y vivió toda su vida en la Provenza. Es uno de los escritores más queridos de su generación, aunque su obra queda fuera de las modas y las corrientes literarias, tanto de las de su época como de la actual.

Giono es autor de más de treinta novelas, así como de varios volúmenes de relatos, poesía, obras de teatro y ensayos. Una serie de estos últimos se reunieron en un solo volumen bajo el título Refus d’obéissance (1937). Al inicio de la Segunda Guerra Mundial Giono fue encarcelado por sus opiniones pacifistas e injustamente acusado de colaboracionista al final de la guerra. Giono fue nombrado miembro de la Academia Goncourt en 1954 y miembro del Consejo Literario del Principado de Mónaco en 1963, y salvo algunos viajes a París y aún menos al extranjero, nunca se alejó mucho de la región en la que se sitúan todas sus obras.




Historias de Manhattan (296 páginas, 22 Eur) es un colorido relato del siglo XX neoyorquino y de los círculos más exclusivos, y algo enrarecidos, de la ciudad. Los personajes de Auchincloss, un agudo observador de las paradojas morales entre las que se debate la «buena sociedad», tan pronto ascienden hasta alcanzar el nivel más alto en la escala social, como se desmoronan ante el contratiempo más insignificante. En el camino siempre hay un momento en el que surgen los problemas de conciencia, a menudo con resultados sorprendentes.
 
Desde las lealtades aristocráticas, aún vigentes en los albores del siglo, hasta las intricadas maquinaciones de las modernas operaciones de fusiones y adquisiciones, el mundo adinerado y glamuroso que describen estos diez relatos nos ofrece un retrato brillante de la denominada «gente bien», pero sobre todo muestra, con una elegancia y precisión insuperables, cómo los rasgos irremediablemente humanos de las personas, aunque se cubran de tweed y pieles, siempre acaban por manifestarse.

Louis Auchincloss (Nueva York, 1917-2010) perteneció a la clase privilegiada sobre la que escribe, y fue alumno en las mejores escuelas del país, primero en Groton y luego en la Universidad de Yale. Salvo los años en los que sirvió en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial, compaginó siempre su labor de abogado con la de escritor. Auchincloss está considerado un clásico moderno de la novela y el relato de costumbres, señalado como uno de los grandes por escritores de la talla de Gore Vidal. Autor de cincuenta y siete libros, fue miembro y presidente de la American Academy of Arts and Letters.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Mordiscos literarios / 4






La cita literaria de hoy –una bella metáfora de la lucha individual­– quiero dedicársela con mucho cariño a mi tío, que nos dejó en noviembre. Para ti, dondequiera que estés, libre ya de la crueldad del alzhéimer.


«En un rincón del patio trasero resistía a duras penas un arbolito raquítico, encarcelado en la malla de una cerca metálica que le impedía estirarse. Crecía allí, deformado, contra las tapias sucias de los talleres mecánicos, contra el ruido cacofónico de las sierras radiales. Nadie lo regaba ni se ocupaba de él; ningún pájaro le hizo el favor de posarse en su copa. Alguien, al pasar, había apagado un cigarrillo en su corteza y todavía era visible la quemadura. Era poco más que un palitroque olvidado en un cuadrado de fango. Algunas primaveras, de sus ramas estallaban inopinadamente dos o tres pequeñas flores liláceas, casi mustias, una muda plegaria, su grito afónico, y eso era todo. Florecía para nadie. Pero eso quería decir que el arbolucho, pese a todo, no se resignaba ni se daba por vencido, no se rendía, aún reclamaba su porción de belleza, su lugar bajo el sol, su derecho a la luz y al agua, la dignidad de estirarse por un instante y pronunciar su nombre verde, allí tan solo, antes de morir del todo y desvanecerse de la memoria de las generaciones de este mundo y de los siguientes. Él también quería disfrutar de su minuto de éxtasis.»


Volver a Oz. Eloy Tizón (2013)

viernes, 4 de octubre de 2013

El anuncio de la discordia



Hoy he visto en Internet el anuncio con el que la Academia de la Publicidad homenajea a la RAE por su tercer centenario. El spot tiene su guasa, ya que se ve a una madre echándole la gran bronca a su hijo tras destrozar un bote de mermelada contra el suelo, con el consiguiente estropicio cocineril. El discurso materno no tiene desperdicio: “¡Pero niño, no vas y tiras la fambruesa, estropiciándolo todo! Ende que venga tu padre, lo quiero ver todo esto… floresciente.”

Ante tamaño desastre -me refiero al de la madre-, llega la solución que pondrá paz en el hogar: un rápido vistazo al Diccionario de la Real Academia ilumina el rostro alicaído de la sufrida madre y la bronca se transforma en: “Hijo mío, te encomiendo la tarea de dejar el suelo reluciente antes de que llegue tu padre”

Los creativos juegan con el lema de la RAE (Limpia, fija y da esplendor), convirtiendo el diccionario en un potente detergente verbal. La verdad es que siempre me hizo gracia esta divisa de producto de limpieza de la Academia, y en el anuncio le sacan todo su jugo.

En mi humilde opinión, el anuncio es buenísimo (o bonísimo, para los puristas). En casa, lo ha visto toda la familia (chicos y chicas) y no hemos podido parar de reír. Sin embargo, diversas asociaciones feministas lo han tachado de sexista (¿perdón?) y misógino (¿qué?) por mostrar “un arquetipo casposo de mujer volcada en las tareas domésticas”. Está visto que en este bendito país hay gente que ve fantasmas en cada esquina y que se esfuerza en hacer enrevesado lo más sencillo. El hecho de que la mujer esté en la cocina no quiere decir que se pase el día limpiando la casa, y por el vestido que lleva puesto, bien podría haber llegado de trabajar mientras el padre está en el súper haciendo la compra. Además, el encargado de limpiar el desaguisado va a ser el chico, o sea, el varón. 

La parodia y el reírse de uno mismo -una afición sanísima, por cierto-, está visto que sigue prohibido entre determinados colectivos. Lo curioso es que lo único que consiguen así es dibujar una caricatura de ellos mismos.



 La polémica está servida...

viernes, 27 de septiembre de 2013

Extrañas compañías: McCullers / Adele / Mike & The Mechanics



La entrega de hoy vuelve a tener al amor como protagonista, pero en este caso su lado oscuro, el desequilibrio entre afectos. Para ilustrar la parte literaria no se me ocurre mejor ejemplo que un fragmento de uno de los relatos más conocidos de la sureña Carson McCullers. Cuando leí esta parte, me dio la impresión de que la autora urdió el resto del cuento para expresar en estas pocas frases su propia experiencia –bastante azarosa, por cierto– y lo que duele el desamor y la falta de equilibrio dentro de una relación.




En cuanto a la música, el catálogo de amores perdidos, marchitos o no correspondidos corre a cargo de la británica Adele (un portento de voz) y de Mike & The Mechanics (canción y vídeo estupendos).


“En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante del que estamos hablando no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Se da por ejemplo el caso de un hombre que es ya abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.

Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón: pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor.”

La balada del café triste. Carson McCullers (1951)



Someone like you. Adele (21, 2011)



Another cup of coffee. Mike & The Mechanics (Beggar on a beach of gold, 1995)

lunes, 16 de septiembre de 2013

Libros del Silencio cesa sus actividades



Acabo de recibir con gran pesar la noticia de que la editorial Libros del Silencio desaparece. Tras el tremendo mazazo de la muerte a principios de año de Gonzalo Canedo, su creador, los esfuerzos del equipo editorial por continuar su obra han resultado infructuosos frente a las dificultades financieras que venía arrastrando el sello barcelonés.


Uno de los primeros títulos (Enero 2010)


Como homenaje al editor y a todos los que han hecho posible esta notable aventura editorial independiente desde 2009, reproduzco a continuación la nota de prensa con toda la información:


Libros del Silencio cesa sus actividades

La falta de su fundador, fallecido en enero del presente año, y los problemas económicos que llevaba tiempo arrastrando llevan a la editorial a presentar concurso de acreedores.


Lamentamos comunicar que, pese a la decidida voluntad de los herederos de Gonzalo Canedo y al trabajo del presente equipo editorial, la pérdida irreparable del fundador y único socio de Libros del Silencio, aparejada a una serie de complicaciones financieras que han terminado resultando insorteables, ha obligado a la empresa a presentar un concurso de acreedores que se hará efectivo este mismo mes de septiembre.

Fundada en enero de 2009, Libros del Silencio empezó su actividad en noviembre del mismo año y deja como legado un catálogo de 52 títulos (el último de ellos, Carmen Amaya 1963, aparecido el pasado mes de mayo) que se caracteriza por su rigor y heterogeneidad, y que se diseñó tratando de cumplir con un único propósito: el de dar salida a obras en las que primase lo literario entendido según una idea personal e inclusiva. A lo largo de estos casi cuatro años de apasionada andadura, y gracias a la tenacidad editora y el empeño constante de Gonzalo Canedo, Libros del Silencio ha lanzado a nuevos talentos nacionales (Carlo Padial, Iván Repila o Princesa Inca) y rescatado a figuras fundamentales de nuestra tradición (Quevedo, Lois Pereiro, Carlos Casares); puesto en circulación obras clave de un buen número de clásicos modernos (como Robert Stone, John Hawkes o B. S. Johnson), descubierto a voces poderosísimas y ya consagradas (como las de Donald Ray Pollock o Patrick deWitt) y desenterrado piezas maestras que nos eran casi desconocidas (La familia Máshber, de Der Níster, o Las desventuras del príncipe Sternenhoch, de Ladislav Klíma); se ha apuntado tantos en novela, relato, poesía y ensayo, y ha supuesto, en fin, una alternativa que, queremos creer, ha hecho honor a su voluntad de independencia y su apuesta por la calidad, y que, pese a lograr un merecido reconocimiento a su propuesta, se ha visto finalmente perjudicada de un modo fatal por la grave coyuntura económica del país y los cambios y la incertidumbre que afectan a todas las esferas del sector editorial.

Libros del Silencio quiere agradecer su inestimable labor a todos aquellos que, durante todo este tiempo, han contribuido decisivamente a cumplir con los estándares de calidad marcados, aportando numerosas horas de trabajo disciplinado e incansable para que nuestros libros tomaran forma en óptimas condiciones (empleados, traductores, correctores, maquetadores, ilustradores e impresores), así como a los que han sido esenciales para que, una vez salidos de imprenta, esos mismos títulos llegaran con éxito a su destino (distribuidores, libreros, periodistas, críticos), y, muy especialmente, a aquellos que se encuentran en los dos extremos del proceso editorial, y sin los cuales no hubiera sido posible nada de esto: los autores que han confiado en nosotros para dar a conocer sus obras y los lectores que han invertido en ellas, de entre una oferta tan atractiva como difícilmente abarcable, su tiempo y su dinero. Ha valido la pena.

Hasta siempre.

El equipo editorial.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Editoriales independientes (5): Editorial Siberia





De esa cantera literaria sin fin que es la ciudad de Barcelona surgió esta primavera (aunque con dos años de trabajo previo) Editorial Siberia. Pese a haber elegido un nombre que evoca frío, soledad y represión, el contenido de sus libros pretende ser más bien lo contrario: volúmenes cálidos, cuidados y con el amor como uno de los hilos conductores.

“Siberia es inquietante por su belleza y por los enigmas que la conforman. Muchos han escrito sobre ella pero pocos la conocen. Nos sentimos atraídos hacia muchas cosas que no logramos comprender o desentrañar. Así nace la editorial con la que pretendemos compartir todo aquello que nos atrae de la literatura. La voluntad de Siberia es que su naturaleza se desvele a medida que se descubran sus libros.”


 

Con la coruñesa Iria Rebolo a los mandos, este nuevo sello pretende hacerse un hueco entre los amantes de los libros bien hechos (sí, esos locos que todavía olemos los libros), por lo que se van a cuidar todos los aspectos de la edición: tapa dura, papel de gran calidad, buenas traducciones y una cuidada selección de títulos. Los antecedentes en el oficio de Iria son toda una garantía para lograr esta meta, ya que tras su paso por la emblemática agencia literaria de Carmen Balcells, ha trabajado como editora en los sellos Ático de los libros y El Olivo Azul.

Siberia planea publicar unos 10 o 12 libros al año, en tiradas de 2.000 ejemplares, lo que para una editorial independiente representa todo un reto. Los dos primeros, el epistolario Cartas de amor, de Dylan Thomas, y la novela Hacer el amor, de Jean-Philippe Toussaint, vieron la luz en marzo. Les siguió en mayo el volumen Lista de desaparecidos, de Andrés Barba, y ahora en septiembre aparece el ensayo de Pierre Bourgeade Elogio del fetichismo. Y en lista de espera, autores tan variopintos como Sophie Calle, Ishmael Reed o Bruce Bégout.




Así pues, tanto por la calidad como por lo variado de sus apuestas, una editorial a seguir con atención en los próximos meses; o expresado en palabras de su editora: “un cálido soplo de esperanza en estos días fríos, casi siberianos.”

viernes, 23 de agosto de 2013

Te veo triste



 

“La soledad puede ser un caníbal con hambre.”  Esta potente imagen condensada en tan solo ocho palabras es la clave de la última novela de Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959). Tras el fallecimiento de su padre, Marta descubre una nota dirigida a ella con su última voluntad: “Dile a Carmen Cabrera que he muerto.” Este breve mensaje del escritor Luis Sampiero va a trastocar para siempre la monótona vida de la protagonista, que exiliada voluntariamente en Bruselas ha tenido que regresar con urgencia a Zaragoza.

¿Quién es esta misteriosa mujer? ¿Cómo puede ser que alguien que a lo largo del texto se revelará tan importante para su padre sea una perfecta desconocida para Marta? Dispuesta a hallar una respuesta, la protagonista emprenderá un viaje interior hacia el pasado, hacia los múltiples desencuentros con Sampiero. No dudará en abrir la caja de Pandora de los recuerdos, de su colección de equivocaciones, un túnel del tiempo en el que parecen pesar más las cosas malas.

Buceando entre las cartas y los cuadernos de viaje de su padre, y con la ayuda de Juan (un novio que es y no es), irá acumulando pistas para desenredar la madeja. Así, las sucesivas averiguaciones la llevarán a Varsovia, Dublín y Madrid, persiguiendo un fantasma desconocido para todos los amigos y compañeros de profesión de su padre.


Fernando Sanmartín
 

Lo mejor de esta novela intimista -y a ratos poética- es para mí el proceso de catarsis personal que sufre Marta a lo largo de su exilio de sí misma. Las revelaciones que va hallando a lo largo del camino le descubren al verdadero Luis Sampiero, permitiendo una reconciliación padre-hija que no hubieran logrado cientos de horas de charla.

“[…] Hablaron durante dos horas. Nunca antes había sucedido ni volvió a pasar después. Como dos náufragos en islas diferentes. Le dijo lo que aquel domingo pensaba. Y él le confesó que hubo una época en la que también imaginó suicidarse, jugar con su destino, construir su final. Lo hablaron durante dos horas. Y solo hubo verdad, oxigenación y un modo sencillo de salir de aquel despoblado en el que ella estaba.”

En cuanto al estilo, el texto de Sanmartín es muy rico en imágenes brillantes y aforismos: “El pasado permanece junto a uno. Como un perro atado a una cadena. Un perro que a veces, solo a veces, nos ladra buscando una caricia.” “Sus días son una película que vive un falso reestreno.” “El amor es una avalancha. Por eso lastima en ocasiones.” Estos símbolos dotan a la novela de un aire evocador, donde la melancolía y la soledad de Marta fluyen a cada página, pero también preparan el camino para su victoria final. A destacar la hermosa portada del libro, Retrato de mujer, un cuadro de 1898 del polaco Teodor Axentowicz, con la que Xordica ha acertado plenamente: es Marta misma la que nos invita desde la cubierta a desentrañar la tristeza de esa mirada.

Pero que nadie piense que el autor solo se recrea en la nostalgia. En las escasas 120 páginas de este libro también hay espacio para recorrer infinidad de rincones de Zaragoza, para asistir a un desfile sin fin de escritores aragoneses -como guiño y homenaje al gremio- y para el humor (recomiendo no perderse las páginas 48 y 49, donde hay una crítica nada soterrada al premio Planeta y demás saraos literarios). Así pues, una novela para saborear en tardes de otoño que dejaré en mi biblioteca como botiquín de urgencia para cuando me asalten los desencuentros familiares.

“Una mujer puede ser un lápiz que sirva para dibujar una pistola. Porque una mujer mira la vida descorriendo pestillos, abriendo las ventanas al sol. Una mujer es práctica y sabe definir los puestos fronterizos, atravesar la niebla, enmarcar su belleza o introducirla en una canoa por aguas peligrosas. El hombre es otra cosa. Tiene una caligrafía distinta, hace letreros diferentes, es codicioso y tonto a la vez, es complicadamente sencillo y sus temores se muestran en sus ojos, en sus manos, en sus gestos, aunque no lo quiera.”

Te veo triste, Fernando Sanmartín
Xordica, 2012, 128 páginas, 12,95

miércoles, 14 de agosto de 2013

Pícaras jovencitas pilladas in fraganti / Naughty girls in action



Tengo una amiga algo neófita en el mundo de los blogs que está convencida de que el número de visitas que recibe un artículo viene determinado directamente por la calidad del mismo. Este post está diseñado para intentar convencerla de que está en un error.

Por supuesto, si una entrada está bien escrita, es interesante, novedosa y/o suscita cierto debate, el número de visitas crecerá proporcionalmente, pero también es bien sabido que un título cuidadosamente elegido para una entrada ejerce de potente imán en la web, y si este título contiene ciertas palabras clave, el magnetismo resultante (es decir, el número de visitantes) será irresistible.

Así pues, mi único propósito es dejar esto en el blog durante un mes y al cabo de esos treinta días, comprobar si el contador se ha disparado en comparación con la media de visitas del resto de mis artículos.

Como no deja de ser un divertimento, espero que disfrutéis con estas fotos de conocidas escritoras pilladas in fraganti.


 Clarice Lispector con el encanto añadido del color sepia



La polémica Colette, un espíritu libre



Anne Sexton en los tiempos felices



La argentina Norah Lange haciendo gala de sus ancestros vikingos




La belleza clásica de Yolanda Oreamuno



 Sylvia Plath soñando campanas



 Nuestra Carmen Laforet; ahí es nada



Unica Zürn haciendo el indio



 Cierta baronesa en África



 Mi fotografía favorita de Carson McCullers, un prodigio de escritora



Anne Marie Schwarzenbach, que a buen seguro odiaría verse incluida en mi lista
 
 
 
 ¿Virginia Woolf? ¿really?
 
 
 
Y por último, la poetisa Mascha Kaléko con aire malote
 
 
El experimento comienza en 3, 2, 1...
 

miércoles, 24 de julio de 2013

Mi particular homenaje a Chesterton



La editorial madrileña ArtGerust publicó a finales del año pasado un volumen de microrrelatos dedicados al género negro. En él se incluye un texto mío que pretende ser un homenaje a uno de los personajes más carismáticos creados por el autor británico G. K. Chesterton. Aquí os dejo el microrrelato (y os recuerdo que cualquier comentario será bien recibido):



EL DICTAMEN DE LA BRUMA
 

No era un fantasma quien surgió entre la niebla. Oculto tras las rocas, pude apreciar claramente la silueta de un hombre que avanzaba hacia el borde del acantilado de Beachy Head, arrastrando un enorme fardo. Iba vestido con un hábito franciscano, pero la capucha me impedía ver su rostro. Entonces comprendí las palabras de mi confidente Horne Fisher al citarme por teléfono en aquel páramo solitario: “Muchacho, tengo que verte enseguida; ya sé quien mató a Lady Blackbird. Ven armado y no confíes ni en el mismísimo arzobispo de Canterbury”. Abandoné mi escondite y di el alto a aquella aparición, que sacó un revólver de su traje talar y empezó a dispararme. Fue entonces cuando el fardo inerte cobró vida y propinó desde el suelo un golpe certero al monje, que perdió pie, cayendo por el acantilado. Herido en un costado, aún pude ver la cabeza del bueno de Horne saliendo de su prisión de tela antes de desmayarme.




El marco natural de la historia
 


La novela negra - 200 Microrrelatos, Varios autores
Editorial ArtGerust, 2012, 226 páginas, 14,55

miércoles, 12 de junio de 2013

El holandés errante






Un holandés de unos cuarenta años en crisis. Un hombre que no ha tenido una noche libre para divertirse en los últimos cinco años y que no ha conseguido dormir del tirón en todo este tiempo. Un padre que “huye” de casa en busca del Carnaval como última válvula de escape existencial antes de que sea demasiado tarde. Así podríamos definir a Ralf, el protagonista de esta curiosa y atípica novela de Jan van Mersbergen (Gorinchem, Países Bajos, 1971) -en ciertos momentos, su alter ego- que se embarca junto a su tío Lau en el desbordante Vastelaovend de la ciudad de Venlo, en el sureste de los Países Bajos.

La novela es la narración en primera persona de esa noche de Carnaval, desde su desembarco en la ciudad hasta la mañana siguiente. A las pocas páginas, desaparece en la vorágine festiva el tío Lau (una metáfora perfecta de la soledad de nuestro protagonista) y Ralf vaga con su disfraz de Barquero en busca de compañía, de amistad, de un alegre grupo que lo acoja y que le haga sentir parte de algo.


“Después de ofrecer cerveza a los Rojiamarillos y repartir botellines de Flügel, el Mexicano acerca el resto de la bebida a la carpa, donde sus compañeros bailan abrazados a dos chicas rubias con sombreros de copa llenos de flores y una mujer disfrazada de Bruja con gorro de Harry Potter.
     Espero un poco en la barra. Mi estómago emite una señal, pero aun así bebo. Cuarenta y ocho. Quién es mi estómago para decirme cuándo tengo que dejar de beber. Por esa regla de tres debería haber intervenido también cuando mi estado de enamoramiento por Sara lo asaltaba y me impedía comer, durante dos días y medio. […] Mi estómago, un globo, y yo flotando sobre él.”


Durante este largo y etílico deambular, Ralf, en un proceso de autoanálisis, nos irá revelando toda su historia: la infancia en una gabarra con sus padres, su etapa de adolescente, los primeros escarceos amorosos o su definitivo asentamiento en tierra firme. Van Mersbergen nos va dosificando la información poco a poco, haciéndola encajar en el puzzle de forma natural y despertando así la curiosidad de un lector que irá devorando páginas para averiguar todos los detalles que han llevado a Ralf a esta crisis. Por supuesto, no revelaré el núcleo de sus pensamientos ni la raíz de toda esta zozobra familiar cuyos nombres propios son Sara, Maybelle, Alvin y las singulares gemelas Helen y Nettie, una raíz que se plantó veinticinco años atrás. Merece la pena bucear entre las páginas para ir atando cabos.

Sin embargo, que nadie se llame a engaño. Junto a este monólogo trascendental discurre la historia paralela de la narración del carnaval holandés, una historia extremadamente divertida, con camaradas pintorescos, líos fugaces, bailes, amistades para toda la vida (o no), algunas peleas, melancolías pasajeras, episodios memorables y un trasiego sin fin de brebajes estimulantes, licores de hierbas y muchas, muchísimas cervezas.


El flamante premio BNG de Literatura 2011 (foto de Roeland Fossen)
 

Este viaje al espíritu del Carnaval (“Por Carnaval no vas disfrazado de otra persona; por Carnaval al fin eres tú mismo”), es una travesía franca, cercana, sin crónicas sentimentaloides, en la que nuestro borracho Barquero -a pesar de conseguir divertirse y entrar en el juego- no puede dejar de pensar en la familia que ha dejado atrás. Es el retrato sincero de un hombre en busca de afirmación, cuya meta es llegar a ser un buen padre.


“[…] Me balanceo como un tentetieso, de babor a estribor. No estoy solo, porque los demás siguen la danza de esta Grulla. No estoy solo. Vuelvo a sentir el calor de Sara y los niños que me envolvió de los pies a la cabeza al cambiar la casa de mi tío bebedor por la suya. Aquellas primeras semanas, primeros meses. El ajetreo físico de cinco personas. El calor del contacto. La mano de Sara en mi espalda cuando ayudaba a Helen o a Nettie con la comida, de pie junto a la mesa. Subir a las pequeñas en brazos por la escalera. Alvin sentado en el transportín de la bicicleta, con las manos en mi cintura. Camino a la escuela. La rodilla de Maybelle. Este chico humilde les daba lo que necesitaban, y recibía a cambio lo que había estado buscando durante tanto tiempo.”


No había leído nada de Van Mersbergen hasta ahora, pero confío en que Rayo Verde siga traduciendo su obra, ya que esta novela me ha parecido estupenda, tanto por salirse de los tópicos como por el lenguaje y el tono, cercanos y nada grandilocuentes. Nada parece forzado y la información es rica en matices y no se da en su totalidad, para que el lector vaya sacando sus propias conclusiones y se desconcierte a cada paso. Además, el emotivo final no era el que yo esperaba, y ya solo por esa sorpresa valió la pena viajar al otro lado de la noche.

Al otro lado de la noche, Jan van Mersbergen
Traducción de Goedele de Sterck
Rayo Verde, 2013, 192 páginas, 19

lunes, 20 de mayo de 2013

Extrañas compañías: Salinas / Texas



Hoy inauguro una nueva sección, Extrañas compañías, que se dedicará a recoger retales de literatura breve -en cualquiera de sus expresiones- y emparejarlos con letras de canciones, pero de épocas muy diferentes. Porque los temas de los que se nutre la literatura son el amor, la muerte, la pasión, la vida misma, y eso no cambia a lo largo de los siglos, únicamente su expresión final.

Para comenzar, hoy traigo uno de mis poemas favoritos de Salinas, que descubrí de niño y que me sigue pareciendo un canto al amor precioso. Y como contrapunto (y siguiendo la tónica de preciosidades) os dejo con la voz más que sugerente de la escocesa Sharleen Spiteri, que parece haberse leído el poema y le contesta a su amor que las idealizaciones no suelen ser buenas: es mejor regresar al mundo real y poner todo el esfuerzo en amarse, simplemente, contra viento y marea.
Espero que os guste.


“Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces, le conteste
la nueva criatura que tú eras.”


Perdóname por ir así buscándote. Pedro Salinas (La voz a ti debida, 1933)



 
Saint. Texas (The hush, 1999)

miércoles, 15 de mayo de 2013

París era una fiesta... o casi.






París es un escenario literario inagotable. Retratada hasta la saciedad también en el cine, no hay quien se resista a la atracción de su historia, a la contemplación de los diversos paisajes urbanos y humanos -ya sea de día o a la luz de la luna- o a un simple vagabundeo por cualquiera de sus distritos.

Cuando el joven Hemingway llegó al París de entreguerras en 1922, experimentó esa misma fascinación. El flamante corresponsal para Europa del canadiense Toronto Star había elegido esta ciudad como base de operaciones, y desde ella hizo llegar puntualmente al periódico sus reportajes. En este volumen que la editorial Elba publicó el año pasado se recoge una excelente selección de casi treinta artículos que abarca desde febrero de 1922 hasta diciembre de 1923.


Foto del pasaporte de Hemingway en 1923

Con títulos tan explícitos como Vivir con 1.000 dólares al año en París, La meca de los impostores o El gobierno paga por las noticias, los textos son todo un prodigio de descaro, frescura e ironía. Hemingway expone al lector los datos que va recabando en sus sondeos diarios por el ambiente parisino. En la mayoría de los casos no hace falta que tome partido explícitamente, puesto que despunta ya su estilo directo y mordaz, con una economía de palabras bien escogidas, pero que son como dardos que se clavan en el centro de la diana. Esa precisión sirve igual para describir lo peor del ambiente nocturno de la ciudad, las guerras políticas o la multitud de pícaros ávidos de turistas americanos, como las bondades de la vida cotidiana en Francia tras la Gran Guerra o la escasez de viviendas a precios asequibles.

“La escoria de Greenwich Village, Nueva York, ha sido espumada y depositada en grandes cantidades en la zona contigua al Café de la Rotonde, en París. Por supuesto que ha surgido una nueva escoria para remplazar la anterior, pero la escoria más antigua, la más espesa y asquerosa de todas las escorias, se las ha arreglado para cruzar el océano y, con sus desembarcos de tarde y de noche, ha convertido la Rotonde en la principal atracción del Barrio Latino para turistas en busca de ambiente.”

Su estancia en la capital francesa, acompañado por su primera esposa, Hadley Richardson, fue una época de especial felicidad para él como reflejaría más tarde en París era una fiesta (1964). Pronto entabló amistad con personajes de la talla de James Joyce, Gertrude Stein o Picasso. Y poco a poco, el joven y pobre Hemingway tomó conciencia de que su verdadera pasión era ser escritor y no periodista, y de que París era el centro de operaciones perfecto para lograrlo; de hecho, no abandonó la ciudad definitivamente hasta 1928, dos años después de la publicación y el éxito de Fiesta.

Se puede decir que los artículos de este volumen nos muestran de forma clara los rasgos de un estilo incipiente: apasionado, riguroso e irónico. Una sobriedad calculada que logra dar un efecto mayor a lo que nos relata, así como una visión de la guerra -que tanto le marcó- y la naturaleza humana bastante desmitificadoras.

“El primer escándalo se produjo cuando la policía descubrió que la absenta, prohibida hacía seis años, se vendía en grandes cantidades con el nombre de Anis Delloso. En lugar de elaborarlo con el maravilloso color verde celebrado por los poetas menores hasta en los lugares más recónditos y abstemios de la tierra, los fabricantes de absenta producían cantidades industriales en forma de jarabe amarillo pálido. Seguía teniendo ese sabor a regaliz, y se volvía lechoso cuando se le añadía agua; y tenía esa pegada lenta y culminante que al tercer Delloso hacía que al boulevardier le entraran ganas de levantarse y dar saltos de alegría sobre su sombrero de paja nuevo.”

En suma, Sobre París es un libro bastante entretenido, que proporciona un testimonio directo, riguroso, carente por completo de exaltaciones y sumamente crítico. Cabe destacar, así mismo, el prólogo y la traducción de Clara Pastor, alma mater de Elba. Y finalmente, para los que quieran disfrutar de alguno de los artículos periodísticos de Hemingway en su lengua original, recomiendo la web monográfica del Toronto Star: http://ehto.thestar.com, que incluye el primero de los textos de este libro.

Sobre París, Ernest Hemingway
Traducción y prólogo de Clara Pastor
Elba, 2012, 166 páginas, 14